Melancolía criminal

El atardecer en que nos hablamos por vez primera, andaba perturbada. Había tenido una pesadilla la noche anterior.
Sentía mi corazón latir a mil y me apoyé junto a una ventana del aula en busca de sosiego en el viento.
De pronto sentí su mirada y avergonzada agaché la cabeza.
Sentía mi corazón latir a mil y me apoyé junto a una ventana del aula en busca de sosiego en el viento.
De pronto sentí su mirada y avergonzada agaché la cabeza.
Esperaba que me dijese algo como: “Señorita, ¿Porqué no está haciendo su trabajo?”. En vez de ello, simplemente me quedó observando con curiosidad unos segundos y yo me apresuré a retomar el armado de la maqueta.
Al terminar la clase, cogí mis cosas con apuro porque quería huir del lugar lo más pronto posible. No podía entenderlo bien, pero aquél mal sueño me traía alterada, a punto de llorar.
Al cruzar el umbral del salón, una voz me llamó. Era él.
-"¿Paz de la Vega?"
Volteé.
-"¿Sí, profesor?."
Al terminar la clase, cogí mis cosas con apuro porque quería huir del lugar lo más pronto posible. No podía entenderlo bien, pero aquél mal sueño me traía alterada, a punto de llorar.
Al cruzar el umbral del salón, una voz me llamó. Era él.
-"¿Paz de la Vega?"
Volteé.
-"¿Sí, profesor?."
- "Se le olvidó esto en su pupitre".
En aquellos tiempos, era un hombre puede decirse que aún joven, con algunas arrugas y canas, claro, pero de buen porte, voz firme y cabellos y barbas espesas. Un cuarentón “bien puesto”. Ja.
Con mi agenda (que a su vez, hacía las veces de diario) en sus incipientemente rugosas y aún robustas manos se acercó a mí y yo a él.
-"Gracias."
Mi voz estaba a punto de quebrarse.
-"Amanda, no le preguntaré si Usted está bien porque es evidente que no lo está. ¿Puedo ayudarle en algo?."
Me sorprendió su aseveración y su propuesta, pero aún más me asombró mi respuesta y el diálogo posterior.
-"No sé. Es que tuve una pesadilla muy fuerte anoche y hasta ahora me siento afectada. Tengo un nudo en la garganta y me siento culpable."
-"¿Puede saberse con qué soñó?"
-"Algo muy violento. Acuchillaba a una compañera de mi colegio."
-"Oh. ¿Una amiga suya?."
-"Bueno, no en realidad. De hecho no le veo desde hace tres años, cuando terminé la secundaria."
-"¿Usted no sufre de esta clase de sueños regularmente, no?. Digo, mucha gente imagina cosas así pero no se pone en ese estado…no quiero ser indiscreto pero le están temblando los dedos."
Entonces, me cogió de las manos como nunca nadie lo había hecho en mi vida. Con seguridad, prestancia y calor de hombre. Sentí el aroma elegante de su perfume.
-"Vea, profesor, este sueño ha sido diferente porque lo he vivido como un presentimiento."
-"Ummm…"
En ese instante, Augusto Rocha, mi maestro de Diseño Artístico en Espacios Domésticos, hizo una breve pausa y en un rápido movimiento se acercó a su mesa e introdujo ágilmente un libro azul en mi mochila.
-"Disculpe la intromisión, Señorita, pero cuando esté más calmada le sugiero que hojee este tomo. Si le interesa el tema, luego podemos conversar."
-"Claro, Señor… digo, gracias… lo miraré, digo, lo leeré."
Cada vez que recuerdo ese preciso momento, siento una templada nostalgia. ¡Qué nerviosa me puse!.
-"Buenas noches, Amanda."
-"Buenas noches, Profesor."
Ese fue el punto de partida real de mi largo viaje en el camino de la Sanación. Han pasado tantos años…
Pero no debería reírme así como una sonsa que se solaza en sus recuerdos veinteañeros.
No ahora que aquella vieja premonición se ha cumplido al fin.
Tengo que hacer algo, empezando por lavarme estas manos mías que están manchadas de sangre, así como el piso, la puerta y las paredes.
Y claro, llevar a Claudia a la clínica. ¿O debo primero llamar a la Policía?. Piensa, Amanda. Piensa y haz algo ya antes que amanezca.









