lunes, enero 26, 2009

Melancolía criminal


El atardecer en que nos hablamos por vez primera, andaba perturbada. Había tenido una pesadilla la noche anterior.

Sentía mi corazón latir a mil y me apoyé junto a una ventana del aula en busca de sosiego en el viento.

De pronto sentí su mirada y avergonzada agaché la cabeza.

Esperaba que me dijese algo como: “Señorita, ¿Porqué no está haciendo su trabajo?”. En vez de ello, simplemente me quedó observando con curiosidad unos segundos y yo me apresuré a retomar el armado de la maqueta.

Al terminar la clase, cogí mis cosas con apuro porque quería huir del lugar lo más pronto posible. No podía entenderlo bien, pero aquél mal sueño me traía alterada, a punto de llorar.

Al cruzar el umbral del salón, una voz me llamó. Era él.

-"¿Paz de la Vega?"

Volteé.

-"¿Sí, profesor?."

- "Se le olvidó esto en su pupitre".

En aquellos tiempos, era un hombre puede decirse que aún joven, con algunas arrugas y canas, claro, pero de buen porte, voz firme y cabellos y barbas espesas. Un cuarentón “bien puesto”. Ja.

Con mi agenda (que a su vez, hacía las veces de diario) en sus incipientemente rugosas y aún robustas manos se acercó a mí y yo a él.

-"Gracias."

Mi voz estaba a punto de quebrarse.

-"Amanda, no le preguntaré si Usted está bien porque es evidente que no lo está. ¿Puedo ayudarle en algo?."

Me sorprendió su aseveración y su propuesta, pero aún más me asombró mi respuesta y el diálogo posterior.

-"No sé. Es que tuve una pesadilla muy fuerte anoche y hasta ahora me siento afectada. Tengo un nudo en la garganta y me siento culpable."

-"¿Puede saberse con qué soñó?"

-"Algo muy violento. Acuchillaba a una compañera de mi colegio."

-"Oh. ¿Una amiga suya?."

-"Bueno, no en realidad. De hecho no le veo desde hace tres años, cuando terminé la secundaria."

-"¿Usted no sufre de esta clase de sueños regularmente, no?. Digo, mucha gente imagina cosas así pero no se pone en ese estado…no quiero ser indiscreto pero le están temblando los dedos."

Entonces, me cogió de las manos como nunca nadie lo había hecho en mi vida. Con seguridad, prestancia y calor de hombre. Sentí el aroma elegante de su perfume.

-"Vea, profesor, este sueño ha sido diferente porque lo he vivido como un presentimiento."

-"Ummm…"


En ese instante, Augusto Rocha, mi maestro de Diseño Artístico en Espacios Domésticos, hizo una breve pausa y en un rápido movimiento se acercó a su mesa e introdujo ágilmente un libro azul en mi mochila.

-"Disculpe la intromisión, Señorita, pero cuando esté más calmada le sugiero que hojee este tomo. Si le interesa el tema, luego podemos conversar."

-"Claro, Señor… digo, gracias… lo miraré, digo, lo leeré."

Cada vez que recuerdo ese preciso momento, siento una templada nostalgia. ¡Qué nerviosa me puse!.

-"Buenas noches, Amanda."

-"Buenas noches, Profesor."

Ese fue el punto de partida real de mi largo viaje en el camino de la Sanación. Han pasado tantos años…

Pero no debería reírme así como una sonsa que se solaza en sus recuerdos veinteañeros.

No ahora que aquella vieja premonición se ha cumplido al fin.

Tengo que hacer algo, empezando por lavarme estas manos mías que están manchadas de sangre, así como el piso, la puerta y las paredes.

Y claro, llevar a Claudia a la clínica. ¿O debo primero llamar a la Policía?. Piensa, Amanda. Piensa y haz algo ya antes que amanezca.

miércoles, enero 21, 2009

Vejaciones de Verano


Verano.

Yo suelo decir que invierno es tiempo de enamorarse y verano, de excitarse. Es una división imprecisa, claro está, porque de una y otra cosa se da en ambos tiempos.

Pero es una tendencia, que en lo que a mí concierne, acontece.

Ahora estoy en Lima, en verano -de vacaciones, presuntamente- y como en los últimos veranos, mis impulsos libidonosos aunque aumentan con respecto al invierno, van en franco decrecimiento de estío en estío.

Dicho de otra forma: que para ser verano, sentir calor, rozar cuerpos, entrar en inevitables jueguitos de seducción, ver minifaldas y tiritas... pues que estoy muy "frío".

Y más aún, se acentúa algo que debe venir de mucho tiempo atrás pero que recién empecé a sentir en forma chocante aproximadamente hace pocos años - durante la convivencia peruana con Claudia- : la repulsión hacia las mujeres, o hacia sus cuerpos para ser precisos.

Aquella repugnancia que en forma efímera, Amanda supo paliar con su vena de Amante Sanadora.

Más, en este momento, me siento invadido por este festival de carne: este carnaval de tres meses. Sí, eso, invadido, vejado, abusado, intruído.

Incluso he descubierto con estupor sensaciones que van desde la repugnancia por Claudia (a la que de alguna forma, quiero sinceramente) y por Amanda (sin comentarios) hasta impulsos por agredir a desconocidas que casualmente me tocan en la calle, en el transporte público, con sus hombros y piernas desnudos.

Impudicia. Jamás imaginé que pudiera hacer mío este concepto. Claro, no bajo un discurso moralista sinó meramente debido a una suma de sentimientos.

Asociado a todo ello va creo yo, el hambre de amar que tengo. Pero de amar a mi manera, con romance, con ilusión, con sufrimiento, con nostalgia, con alegrías absurdas.

Hambre de amar pintando el blanquecino cielo limeño de invierno con mil colores que guardo en mi corazón... y darme por completo a esa mujer ¿soñada? ¿real? ¿idealizada? ¿materializada?¿Claudia? ¿Amanda?. Tengo mucha confusión en todo esto.

"No eres tú, soy yo" quiero decir a las veraneantes de mi alrededor. Espero que una vez más, vuelva Abril a rescatarme en este Hemisferio Sur.

No debiera depender de ella, pero así van las cosas: me desconozco tanto... Miguel, se supone que yo soy tú, que yo soy el "Gran Mik" , que me gustan las mieles del sexo y todo eso.

¿Quién soy yo?: ¿Miguel Dapino?.¿Aló?. Equivocado, señorita, marque otro número y recuérdeme como marcar el mío, por favor...

lunes, enero 19, 2009

Amanda y sus Mundos


“Munditos”. Toda su vida había imaginado, diseñado, construido mundos alternos.

De niña gustaba de romper para luego rehacer, sus casitas de muñecas. Para asombro de sus padres, obtenía y manejaba con destreza materiales de ferretería: pegamento, cartones, teknopor, teflón, clavos…

Casitas y más casitas, una al lado de la otra, pegadas e integradas entre sí por pistas, ríos, malecones: pequeñas ciudades, maquetas de hecho –aunque tal concepto no pasaba aún por su cabeza-.

Lo curioso de los Munditos de la pequeña Amanda era que no tenían habitantes. Al menos no visibles o tangibles. Siempre tuvo aversión por muñecas y similares -como los títeres o los peluches-.

Los “ciudadanos” de aquellas urbes estaban sólo en la mente de la niña hacedora. Eran gente de bien: personas que no negaban un saludo jamás, que nunca jalaban de los cabellos a sus compañeras de estudios, que no le arrojaban objetos a su cónyuge, que nunca alzaban la voz, que no imponían motes denigrantes, que no humillaban al prójimo…

Esta afición fue perfeccionándose mientras avanzaba su etapa escolar. A la par que su deseo por encontrar ese Mundo ideal, esa Utopía, donde siquiera imaginar poder vivir.

Ello le valió reproches familiares, por el quedarse hasta altas horas de la noche despierta contemplando imágenes de revistas extranjeras, dibujando edificaciones fantásticas, construyendo con sus manos casitas, postecitos de luz, parquecitos con la yerba del jardín que daba a su ventana…

También le valió una silente esperanza, especialmente de parte de su madre, aunque compartida por su padre. Tal expectativa se tornó en realidad un domingo de septiembre por la tarde, cuando la entonces colegiala de último año dijo simplemente:

-"Mami, Papi: quiero estudiar Arquitectura."

La aprobación familiar fue pronta y la admisión a la Universidad también. Nada para sorprenderse: la niña siempre había sido una buena estudiante y seguramente habría de ser una estupenda profesional.

No se equivocaron en ello ni el Señor Paz, ni la Señora De la Vega. Tampoco erró Amanda en su decisión.

Su vocación por la Arquitectura fue un acierto imaginado por todos. En lo concerniente al resto: nadie –empezando por la propia “Pazde”- hubo siquiera de prefigurar el extraño curso de los acontecimientos que sucedieron apenas ella inició sus estudios superiores.

Particularmente, quién siquiera habría de presentir que Amanda teñiría con sangre sus futuros hitos: los ríos, los mares y hasta el agua potable de los nuevos mundos en donde habitaría en los años posteriores.

viernes, enero 16, 2009

La Dictadura de la Lujuria




Los días van rápido. Fiestas, sexo, risas, viajes, drogas. De vuelta a casa: Mamá resignada a una hija descarriada. Papá casi nunca está.

Las semanas vuelan. Un amante y otro más ¿Y porqué no dos , tres a la vez?. El placer es un descubrimiento interminable. Y la marihuana abre el corazón. La cocaína transporta a otras dimensiones. Una estación doméstica. Mami dame plata. Pídele a tu papá. ¿Papá está?. Ahí en el sofá ¿no ves?. Papi. Ah, sí hijita, toma ¿está bien quinientos soles?. Claro, normal.

Los meses son como los pueblecitos al lado de las carreteras que vas pasando a mil por hora. ¿Lesbiana yo? no, pero tampoco moralista. A ver, pues. Y el hachís es tán exótico, pero el LSD verdaderamente es extraterrestre. A mí no me gusta la Tierra, se sufre mucho y Mamá es un zombie deprimido y Papá no es Papá sino el General, el Señor Ministro del Interior de la "Dictadura" o del Gobierno de Reconstrucción Nacional... le dicen de tantas formas...

¿Claudita?. Despierta hija. Ha venido el Doctor. Señorita, Usted ha sufrido una sobredosis ¿entiende lo que le digo?. Pucha, ¿Adónde está Alfonso?...estaba tirándomelo riquísimo. A Alfonso de los Heros, sí señor, el empresario más churro de la patria. ¿Qué dice señorita?. ¡Claudia Pía Montes cállate y hazle caso al doctor!. ¡Dónde está mi Papaaaaá! ¿Porque no está cuando estoy mal?. Ahí en la Tele, mira hijita, dando el parte de detención del "Camarada Sabino". Debe estar orgullosa de su padre, señorita Claudia, sin él no habríamos vencido al terrorismo. ¿Quién le ha dado vela en este entierro, Doctor? ¡Quiero a mi Papi aquí!. Hijita, por favor...

Un día las noticias dijeron que había nuevo Presidente, que había vuelto la Democracia. Un mes después Papá partió a los cielos para no volver más. Un mes como tantos, de esos que se tornan en años. Y los años que pasan, pasando sin darse cuénta cómo, van pesando en el alma. Un peso que lentamente va haciéndose enorme, insoportable en su propia vaguedad.

Un día de tantos, despierta de una pesadilla llamada "Realidad". Tienes 28 años, cojuda y no haz acabado la carrera, no tienes novio, tienes arrugas, te están saliendo canas y te apesta la boca. Pronto serás treintona solterona. Mierda, tienes que hacer algo.

-"Aló, ¿Florencia? ¿Qué dices? ¿Una Fiesta de Año Nuevo?"

Con razón tenía calor, ya es diciembre.

-"Ya, Floren... a las ocho en tu "jato"."

Puta, qué sueño tengo. Un Red Bull y al carajo. Esta será mi última juerga.

Esto es una señal del Destino, sí. Mañana, Primero de Enero nace la Nueva Claudia. Palabra.

martes, enero 13, 2009

El Amigo de Todas


Creo que en parte es porque me aterraban (y aterran) las mujeres.

Un pasado oscuro de relaciones de pareja tormentosas: celos, insultos, rituales enajenantes, pérdida de identidad, sexo obligatorio y displacentero, violencia íntima, gritos, discusiones, degradación y corrupción de la otra y del uno.

Y en parte, por motivos desconocidos. Qué sería (qué será) que ellas sólo me tomaban ya de un buen a tiempo a esa parte tan sólo como amigo.

¿Habría trascendido mi fama de pareja-desastre? ¿O simplemente las chicas me veían como un buen muchacho en quién confiar?.

Lo ignoraba (e ignoro aún: es uno de mis "agujeros negros" internos) pero el hecho es que para aquél momento ya estaba adentrado en una insoportable soledad que me hacía desvariar entre la desesperación y la depresión.

Al punto tal que no disfrutaba de mi flamante éxito profesional y económico.

Una vez, un compañero -Manu- al ver mi extenso directorio de amigas y contrastar con mi registro nulo de enamoradas en los pasados cinco años no dudó en bautizarme como "el amante de todas", con benévola voluntad.

"Amante de nadie", le retruqué entonces, "Aunque tenga sexo ocasional con alguna de ellas, siempre son mis amigas y yo, su fiel confidente, todas me quieren, ninguna me ama y yo no me enamoro tampoco... en todo caso "El amigo de todas", eso es lo que soy".

Ante mi afirmación, Manu soltó una carcajada pero no de burla sinó más bien a muestra de humor compasivo. Sí, se compadeció de mí y decidió buscarme novia.

Otro compañero -el "Gordo"- pronto se unió a la causa.

Y entre palabrerías propias de "machitos" veinteañeros (aunque a punto de dejar de serlo), quedaba claro que Miguel -es decir, yo- no buscaba un "choque y fuga", una amante de hostal, un furtivo encuentro con una turista, veraneante o simple transeúnte, sino una pareja en serio.

Estaba seguro que había aprendido la lección, que no cometería los errores de antaño, que ahora sí estaba preparado para una relación.

Fué entonces que aconteció aquella ya legendaria fiesta de año nuevo en Pucusana, cuando conocí a Claudia.

Cuán equivocado estaba (¡y cuánto aún lo estaré!).

Si ya había perdido la cabeza: ¿En qué momento perdí el corazón?.

¿O debo decir mejor?: ¿En qué momento se quebró como un cristal? ¿Y cuándo fué que se quemó como un papel?.

Ahora de vuelta a Lima, tanto tiempo después de aquél verano, Claudia me trata pretendiendo ser mi amiga y aparentemente Amanda también.

Ahora que ya ni París me queda: ¿Qué soy? ¿El Amigo de Todas pero en versión treintón?.

"Amor, amor ¿Donde oí esa palabra antes?" dice un tema de Los Prisioneros de Chile. Y prisionero me siento yo de esta repulsiva soledad.

lunes, enero 12, 2009

El chamán y los amantes




El Chamán contempla a la pareja. Entre los dedos rugosos de su mano izquierda coge un cigarro de amargo tabaco negro, un "Mapacho" artesanal de Tarapoto.




-"Enclaudiado, enclavado, enclaustrado."

-"Desclaudiada, aclamada, reclamada."

-"Amada."

-"Amante."

-"Infiel, interesante."

-"Infiel sabor de tu piel."

-"Inhalante sabor desclaudiante."

-"Desclaudiante, desclaudiada."

-"Redundante, estudiante."

-"Estudiante de tu mirada, tu flama."

-"Estudiante de cama."

-"¿Soy la que te ama?"

-"Soy yo el que reclama."

-"Dame drama".

-"Sé mi dama."

-"Pero, tú enclaudiado..."

-"Tú mi desclaudiante...

-"No. Yo tu amandizante."

-"Amada amandizante, eterna luna de miel..."

-"O tan sólo: Amanda de Miguel."

"Pero Claudia no se ha ido y no se irá" .Les interrumpe al par de incrédulos el Chamán.
Mientras tanto, Clau se despide de sus amigos en la Universidad.
En el estacionamiento -presa de este verso- tiene un presentimiento, certero como un "Pero"...e igual de adverso.






jueves, enero 08, 2009

El Otro Amor





Una de esas tardes pluviosas de junio, caminando del colegio rumbo a mi casa, sentía un ardor en el pecho.

Me asfixiaba de aquél calor llamado ira que me poseía cada día de clases en que era objeto de burlas de parte de Claudia y su grupo.

La rabia me consumía y para paliarla, imaginaba una venganza en la cuál desfiguraba el rostro de mi enemiga íntima arrojándole un pomo lleno de ácido sulfúrico –a la usanza indochina, tal como había leido alguna vez en "Caretas"-.

Repentinamente sentí entonces la brisa marina en mi rostro y la garúa mojando mi uniforme escolar.

La sensación era deliciosa y algo en mí me impulsó a disfrutar el momento.

Me guarecí en el portal trasero de un edificio de la Residencial San Felipe y encendí un “troncho” de marihuana.

Pensé en el odio primero. El odio contra ella. El odio contra ellos: este mundo que se enseñaba en mi contra, que gustaba de maltratarme, de humillarme.

Luego, pensé en el amor. "¿Qué es el Amor?" me pregunté.

“El Amor, es un estado, pero solo se realiza con acciones: el amor precisa el amar” me dije. Y sentí tristeza porque para amar se necesita compañía y yo estaba sola, muy sola.

Deseé no odiar más, solo amar, amar mucho… pero ¿a quién? ¿con quién?.

Y en ese trance oí que desde uno de los departamentos del edificio sonaba una canción de Chabuca Granda : “…José Antonio, José Antonio por qué me dejaste aquí, cuando te vuelva a encontrar, que sea junio y garúe…”.

Ahí hallé la respuesta. Casi todos los limeños aborrecen el invierno, Chabuca lo entendía, añoraba y quería. Un amor incomprendido por la Ciudad y la Gente.

Sí. Ese día que llegué casi pasadas las siete a mi casa y me gané un regaño de parte de mi madre: “Amanda ¡¿Donde haz estado?! ¡¿Que haz estado haciendo?! ¡¿Porqué no me llamaste por teléfono al menos, niña?!”... ese día descubrí el otro amor.

Me refiero a ese amor que me sostiene hasta el día de hoy: mi vocación de luchar por un mundo saludable, persona por persona, empezando por mi propia Sanación.

Dieciséis años de edad, quinto de media y Lima aún respirando las cenizas del terrorismo.

Tomé mi resolución inconsciente de las ironías del destino que una década después harían colisionar mi “otro amor” con los sentimientos y proyectos de la mismísima Claudia Montes.

domingo, enero 04, 2009

Entre sábanas azules


-"Entra".

Amanda habla con pretendido aplomo. Gira la manija y Miguel observa el lecho cubierto por sábanas azules.

Las manos del hombre tiemblan. Las manos de la mujer también.

Instintivamente ambos entrelazan los dedos y se hace un halo de tranquilidad en medio de los excéntricos efectos del Brebaje que acaban de tomar.

Ella decide poner la mente en blanco y oír la voz de la Sabiduría Suprema. Escucha el mensaje: todo está bien.

El percibe una excitación trepidante y roza con su miembro semierecto el vientre de Pazde.

-"Entra." Repite Amanda.

Mik ingresa a la habitación y se sienta al borde de la cama.

Amanda Paz de la Vega ve a un hombre aún confundido, y sin embargo a punto de transmutar sus Oscuridades en Vida, en la Esencia Purificadora que ella misma tuvo el privilegio de descubrir años atrás.

Se siente el deber de mantener su determinación y por ello se sienta al pie de la alcoba. Dice por decir algo –ya que la palabra es sólo un elemento auxiliar para conseguir la Sanación-:

-"Tranquilo."

Miguel Dapino tiembla. Amanda le acaricia, le atempera las pantorrillas, los muslos, los antebrazos, el tenso cuello.

-"Tu em vols a mi?".

-"Sí."

-"¿Me entendiste? ¿Sabes catalán?".

-"No hablo ese idioma, pero te entendí. No sé cómo, pero te entiendo todo. Incluso lo que me dices mentalmente."

-"Entonces, no hay dudas: estás destinado. Desnúdate."

El hombre obedece y la mujer corresponde. Al cabo de un momento. Dos espíritus y carnes revelados se yerguen frente a frente.

-"¿Y ahora?".

-"Ahora vamos a echarnos en la cama."

No tiene que añadir nada más, Miguel entiende que esto trasciende al sexo e incluso al amor mismo –al amor de pareja, claro-.

Cara al cielo de la habitación, el hombre siente la última inquietud.

-"Amanda. Me siento extraño."

-"Tú solamente espera. Esto es cuestión de tiempo. Ya viene."

Transcurren, quién sabe, diez, treinta minutos, y súbitamente Miguel siente la desaparición de algo dentro de él.

Abruptamente se levanta de la alcoba y contempla la plenitud de su humanidad en el espejo. Respira agitadamente.

- "¿Pasa algo? ¿Te sientes bien Mikito?."

- "Al contrario, Amanda, me siento muy bien… demasiado. Es que hay algo que he perdido".

- ¿Y qué es eso, puede saberse?

Se observa directamente a los ojos en su reflejo y ríe. Ríe como un demente. Ríe como un animal. Como el animal qué finalmente es.

-"Mi vida. ¿Y esa risa?."

- "¡He perdido la culpa! ¡No me siento culpable! ¡Soy Feliz! "

Entonces se arroja encima del cuerpo de la mujer más bella de este mundo. La besa y toca apasionadamente. Hace calor.

Pazde siente la intensidad y pureza que solamente un inocente Iniciado puede transmitir. Se abandona al placer sagrado del Ritual en el que se cuerpo y alma una sola cosa son.

-"Gracias Amanda."

-"Calla y besa. Acaricia. Ama. Déjate amar. Fluye tu dicha por nuestro cosmos y crea con el silencio, felicidad. Aprovecha este momento irrepetible."

Afuera, en el mundo exterior, los relojes de la Ciudad de los Reyes marcan las siete y treinta de la noche.

Claudia acaba de estacionar su automóvil en el edificio y al poner los pies en tierra observa el departamento a oscuras.

Se pregunta si Mik estará con un episodio de migraña y a causa de ello habrá apagado las luces.

En el fondo, teme que él no esté allí, que ya no esté en el hogar, que ya no haya hogar más un hogar entre los dos.

En el fondo, teme la verdad.