El Otro Amor

Una de esas tardes pluviosas de junio, caminando del colegio rumbo a mi casa, sentía un ardor en el pecho.
Me asfixiaba de aquél calor llamado ira que me poseía cada día de clases en que era objeto de burlas de parte de Claudia y su grupo.
La rabia me consumía y para paliarla, imaginaba una venganza en la cuál desfiguraba el rostro de mi enemiga íntima arrojándole un pomo lleno de ácido sulfúrico –a la usanza indochina, tal como había leido alguna vez en "Caretas"-.
Repentinamente sentí entonces la brisa marina en mi rostro y la garúa mojando mi uniforme escolar.
La sensación era deliciosa y algo en mí me impulsó a disfrutar el momento.
Me guarecí en el portal trasero de un edificio de la Residencial San Felipe y encendí un “troncho” de marihuana.
Pensé en el odio primero. El odio contra ella. El odio contra ellos: este mundo que se enseñaba en mi contra, que gustaba de maltratarme, de humillarme.
Luego, pensé en el amor. "¿Qué es el Amor?" me pregunté.
“El Amor, es un estado, pero solo se realiza con acciones: el amor precisa el amar” me dije. Y sentí tristeza porque para amar se necesita compañía y yo estaba sola, muy sola.
Deseé no odiar más, solo amar, amar mucho… pero ¿a quién? ¿con quién?.
Y en ese trance oí que desde uno de los departamentos del edificio sonaba una canción de Chabuca Granda : “…José Antonio, José Antonio por qué me dejaste aquí, cuando te vuelva a encontrar, que sea junio y garúe…”.
Ahí hallé la respuesta. Casi todos los limeños aborrecen el invierno, Chabuca lo entendía, añoraba y quería. Un amor incomprendido por la Ciudad y la Gente.
Sí. Ese día que llegué casi pasadas las siete a mi casa y me gané un regaño de parte de mi madre: “Amanda ¡¿Donde haz estado?! ¡¿Que haz estado haciendo?! ¡¿Porqué no me llamaste por teléfono al menos, niña?!”... ese día descubrí el otro amor.
Me refiero a ese amor que me sostiene hasta el día de hoy: mi vocación de luchar por un mundo saludable, persona por persona, empezando por mi propia Sanación.
Dieciséis años de edad, quinto de media y Lima aún respirando las cenizas del terrorismo.
Tomé mi resolución inconsciente de las ironías del destino que una década después harían colisionar mi “otro amor” con los sentimientos y proyectos de la mismísima Claudia Montes.


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