Entre sábanas azules

-"Entra".
Amanda habla con pretendido aplomo. Gira la manija y Miguel observa el lecho cubierto por sábanas azules.
Las manos del hombre tiemblan. Las manos de la mujer también.
Instintivamente ambos entrelazan los dedos y se hace un halo de tranquilidad en medio de los excéntricos efectos del Brebaje que acaban de tomar.
Ella decide poner la mente en blanco y oír la voz de la Sabiduría Suprema. Escucha el mensaje: todo está bien.
El percibe una excitación trepidante y roza con su miembro semierecto el vientre de Pazde.
-"Entra." Repite Amanda.
Mik ingresa a la habitación y se sienta al borde de la cama.
Amanda Paz de la Vega ve a un hombre aún confundido, y sin embargo a punto de transmutar sus Oscuridades en Vida, en la Esencia Purificadora que ella misma tuvo el privilegio de descubrir años atrás.
Se siente el deber de mantener su determinación y por ello se sienta al pie de la alcoba. Dice por decir algo –ya que la palabra es sólo un elemento auxiliar para conseguir la Sanación-:
-"Tranquilo."
Miguel Dapino tiembla. Amanda le acaricia, le atempera las pantorrillas, los muslos, los antebrazos, el tenso cuello.
-"Tu em vols a mi?".
-"Sí."
-"¿Me entendiste? ¿Sabes catalán?".
-"No hablo ese idioma, pero te entendí. No sé cómo, pero te entiendo todo. Incluso lo que me dices mentalmente."
-"Entonces, no hay dudas: estás destinado. Desnúdate."
El hombre obedece y la mujer corresponde. Al cabo de un momento. Dos espíritus y carnes revelados se yerguen frente a frente.
-"¿Y ahora?".
-"Ahora vamos a echarnos en la cama."
No tiene que añadir nada más, Miguel entiende que esto trasciende al sexo e incluso al amor mismo –al amor de pareja, claro-.
Cara al cielo de la habitación, el hombre siente la última inquietud.
-"Amanda. Me siento extraño."
-"Tú solamente espera. Esto es cuestión de tiempo. Ya viene."
Transcurren, quién sabe, diez, treinta minutos, y súbitamente Miguel siente la desaparición de algo dentro de él.
Abruptamente se levanta de la alcoba y contempla la plenitud de su humanidad en el espejo. Respira agitadamente.
- "¿Pasa algo? ¿Te sientes bien Mikito?."
- "Al contrario, Amanda, me siento muy bien… demasiado. Es que hay algo que he perdido".
- ¿Y qué es eso, puede saberse?
Se observa directamente a los ojos en su reflejo y ríe. Ríe como un demente. Ríe como un animal. Como el animal qué finalmente es.
-"Mi vida. ¿Y esa risa?."
- "¡He perdido la culpa! ¡No me siento culpable! ¡Soy Feliz! "
Entonces se arroja encima del cuerpo de la mujer más bella de este mundo. La besa y toca apasionadamente. Hace calor.
Pazde siente la intensidad y pureza que solamente un inocente Iniciado puede transmitir. Se abandona al placer sagrado del Ritual en el que se cuerpo y alma una sola cosa son.
-"Gracias Amanda."
-"Calla y besa. Acaricia. Ama. Déjate amar. Fluye tu dicha por nuestro cosmos y crea con el silencio, felicidad. Aprovecha este momento irrepetible."
Afuera, en el mundo exterior, los relojes de la Ciudad de los Reyes marcan las siete y treinta de la noche.
Claudia acaba de estacionar su automóvil en el edificio y al poner los pies en tierra observa el departamento a oscuras.
Se pregunta si Mik estará con un episodio de migraña y a causa de ello habrá apagado las luces.
En el fondo, teme que él no esté allí, que ya no esté en el hogar, que ya no haya hogar más un hogar entre los dos.
En el fondo, teme la verdad.
Amanda habla con pretendido aplomo. Gira la manija y Miguel observa el lecho cubierto por sábanas azules.
Las manos del hombre tiemblan. Las manos de la mujer también.
Instintivamente ambos entrelazan los dedos y se hace un halo de tranquilidad en medio de los excéntricos efectos del Brebaje que acaban de tomar.
Ella decide poner la mente en blanco y oír la voz de la Sabiduría Suprema. Escucha el mensaje: todo está bien.
El percibe una excitación trepidante y roza con su miembro semierecto el vientre de Pazde.
-"Entra." Repite Amanda.
Mik ingresa a la habitación y se sienta al borde de la cama.
Amanda Paz de la Vega ve a un hombre aún confundido, y sin embargo a punto de transmutar sus Oscuridades en Vida, en la Esencia Purificadora que ella misma tuvo el privilegio de descubrir años atrás.
Se siente el deber de mantener su determinación y por ello se sienta al pie de la alcoba. Dice por decir algo –ya que la palabra es sólo un elemento auxiliar para conseguir la Sanación-:
-"Tranquilo."
Miguel Dapino tiembla. Amanda le acaricia, le atempera las pantorrillas, los muslos, los antebrazos, el tenso cuello.
-"Tu em vols a mi?".
-"Sí."
-"¿Me entendiste? ¿Sabes catalán?".
-"No hablo ese idioma, pero te entendí. No sé cómo, pero te entiendo todo. Incluso lo que me dices mentalmente."
-"Entonces, no hay dudas: estás destinado. Desnúdate."
El hombre obedece y la mujer corresponde. Al cabo de un momento. Dos espíritus y carnes revelados se yerguen frente a frente.
-"¿Y ahora?".
-"Ahora vamos a echarnos en la cama."
No tiene que añadir nada más, Miguel entiende que esto trasciende al sexo e incluso al amor mismo –al amor de pareja, claro-.
Cara al cielo de la habitación, el hombre siente la última inquietud.
-"Amanda. Me siento extraño."
-"Tú solamente espera. Esto es cuestión de tiempo. Ya viene."
Transcurren, quién sabe, diez, treinta minutos, y súbitamente Miguel siente la desaparición de algo dentro de él.
Abruptamente se levanta de la alcoba y contempla la plenitud de su humanidad en el espejo. Respira agitadamente.
- "¿Pasa algo? ¿Te sientes bien Mikito?."
- "Al contrario, Amanda, me siento muy bien… demasiado. Es que hay algo que he perdido".
- ¿Y qué es eso, puede saberse?
Se observa directamente a los ojos en su reflejo y ríe. Ríe como un demente. Ríe como un animal. Como el animal qué finalmente es.
-"Mi vida. ¿Y esa risa?."
- "¡He perdido la culpa! ¡No me siento culpable! ¡Soy Feliz! "
Entonces se arroja encima del cuerpo de la mujer más bella de este mundo. La besa y toca apasionadamente. Hace calor.
Pazde siente la intensidad y pureza que solamente un inocente Iniciado puede transmitir. Se abandona al placer sagrado del Ritual en el que se cuerpo y alma una sola cosa son.
-"Gracias Amanda."
-"Calla y besa. Acaricia. Ama. Déjate amar. Fluye tu dicha por nuestro cosmos y crea con el silencio, felicidad. Aprovecha este momento irrepetible."
Afuera, en el mundo exterior, los relojes de la Ciudad de los Reyes marcan las siete y treinta de la noche.
Claudia acaba de estacionar su automóvil en el edificio y al poner los pies en tierra observa el departamento a oscuras.
Se pregunta si Mik estará con un episodio de migraña y a causa de ello habrá apagado las luces.
En el fondo, teme que él no esté allí, que ya no esté en el hogar, que ya no haya hogar más un hogar entre los dos.
En el fondo, teme la verdad.


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