Clic

Apenas baja del carro, el llavero cae al suelo. No termina de controlar aún la tembladera.Hace un esfuerzo emocional por intentar mantener la precaria ecuanimidad que le ha permitido realizar el camino de retorno.
Respira profundo, se agacha y recoge el manojo.
Al ponerse de pie, se encuentra cara a cara con la vecina.
La revelación súbita de aquella belleza intensa le cae a Miguel como un baldazo de agua helada.
Atónito y mudo, no puede abstraerse del mirar hechizante de aquellos ojos color miel que tiene en frente.
Amanda rompe en un instante su estado de laxitud habitual.
Al ponerse de pie, se encuentra cara a cara con la vecina.
La revelación súbita de aquella belleza intensa le cae a Miguel como un baldazo de agua helada.
Atónito y mudo, no puede abstraerse del mirar hechizante de aquellos ojos color miel que tiene en frente.
Amanda rompe en un instante su estado de laxitud habitual.
Está impresionada por la visión de un hombre evidentemente alterado, impecablemente vestido y perfumado, agitado y trémulo, agraciado como un ángel despeinado, con el aura roja y confusa, con el alma en la boca, una boca carnosa y sonrosada que es de Claudia y sólo de Claudia –se recuerda con fervor-.
Inhala suave e intensamente, en un acto de “pranayama” bien aprendido. Concentra su hálito de calma en la mirada intentando proyectar así un mínimo de tranquilidad a ese hombre.
Miguel no puede esquivar esa miradita. Es dulce, es pacífica, es soñadora, es auténtica, es transparente, es feliz. No puede ocultar su estado de subyugación y lo sabe. Es una situación tan incómoda como inédita y decide romper el hielo.
-“Hola”
Su voz carraspea y se interrumpe abruptamente. Si la palabra hubiese tenido una sílaba más, hubiese sido inevitable quebrarse en una tos indecorosa.
-“Hola”. responde Amanda haciendo brillar sus ojos como sólamente ella aprendió a plasmar en aquellas viejas clases de tantrismo.
Miguel siente un golpe de ansiedad en el pecho.
-“¿Porqué hago esto?” Se reprocha ella acto seguido. “Amanda no coquetees, por lo que más quieras”. Finaliza su pensar.
Inhala suave e intensamente, en un acto de “pranayama” bien aprendido. Concentra su hálito de calma en la mirada intentando proyectar así un mínimo de tranquilidad a ese hombre.
Miguel no puede esquivar esa miradita. Es dulce, es pacífica, es soñadora, es auténtica, es transparente, es feliz. No puede ocultar su estado de subyugación y lo sabe. Es una situación tan incómoda como inédita y decide romper el hielo.
-“Hola”
Su voz carraspea y se interrumpe abruptamente. Si la palabra hubiese tenido una sílaba más, hubiese sido inevitable quebrarse en una tos indecorosa.
-“Hola”. responde Amanda haciendo brillar sus ojos como sólamente ella aprendió a plasmar en aquellas viejas clases de tantrismo.
Miguel siente un golpe de ansiedad en el pecho.
-“¿Porqué hago esto?” Se reprocha ella acto seguido. “Amanda no coquetees, por lo que más quieras”. Finaliza su pensar.
Mik, fiel a su estilo, pasa al ataque cada vez que se siente atrapado.
-“¿Eres la nueva vecina, no? ¿la amiga de Claudia?”
-“Sí, soy Amanda, mucho gusto.”
-“Por favor…, el gusto es mío. Me llamo Miguel”.
Titubea tres segundos y replica.
-“Disculpa. ¿Amanda?. Claudia me había dicho otro nombre.”
-“Ah, ella me llama “Pazde”. Es que así me decían en el Colegio… por mi apellido: Paz de la Vega”.
-“Oh, entiendo. Yo soy Miguel Dapino”.
Al decir esto último, Mik evoca mentalmente el episodio que tan sólo minutos antes sufriera en el estacionamiento. Siente sed. Mucha sed.
De pronto, se abre el ascensor. Es Claudia.
Amanda se sonroja como si hubiese hecho algo malo.
Miguel no sabe si sentirse aliviado o asustado.
Dos mentes piensan simultáneamente lo mismo: “¿Nos habrá estado viendo desde arriba?”.
La tercera mente está nublada por el amargo sabor de una desagradable intuición.
Claudia siente que hierve a fuego lento.
Frente a los celos: fuerza y dignidad. No hay que demostrar fragilidad, Clau.
-“Hola, veo, que ya se conocieron. Por fin. Justo anoche le estaba diciendo a Mik que ya tenía que presentarlos. A ver si hacemos una reu el fin de semana ¿no amor?. Para que Pazde conozca nuestro hogar”.
Y finaliza:
-“Y a ver si así te animas otro día a invitarnos a tu depa de soltera, Amandita. Me muero por conocer el refugio de la diseñadora de interiores más famosa de Lima.”
-“Soy Arquitecta, Clau. Lo del diseño es sólo un complemento, un recurseo…”
-“Si tú lo dices, Pazde… bueno, ¿vamos a la casa, mi vida?...ay Mik, estás pálido, seguro que en la Oficina habrás comido algo que te cayó mal … ¡Bye querida!”
-“Chau Claudia, chau Miguel”.
-“Hasta luego, Amanda”. Se despide él.


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