miércoles, diciembre 17, 2008

Luna caliente


-"Miguel, mírame a los ojos y dime".

Es de madrugada y Claudia está furiosa al tiempo que intenta conservar la calma.

-"Miguel, ¿me oyes?."

Es domingo ya y Miguel intenta no recordar lo sucedido antes de la medianoche.

-"Miguel, ¡dime algo! ¿Dónde haz estado? ¿Porqué no contestabas al celular?."

Clau empieza a perder la paciencia y un vecino anónimo es despertado por su voz.

Mik parece que fuese a hablar, pero no. Apenas abre la boca para dar un indisimulado bostezo y continuar sentado en el sillón de la sala, con la mirada perdida y el llavero aferrado a su mano izquierda.

-"Ya, hombre, dime de una vez qué está sucediendo. ¿Te peleaste con alguien? ¿problemas de plata? ¿se ha muerto tu papá, tu mamá? ¡¿qué mierda está pasando!? ¡dijiste que vendrías a las siete para y te apareces a las tres de la mañana… así todo palteado, despeinado y con la camisa abierta! ¡mírame cuando te hablo!."

-"Claudia Montes, me estás gritando."

-"Por fin, el señor se digna a dirigirme la palabra. ¿Qué ha pasado?."

-"No puedo tolerar que me alces la voz, Clau. Respétame ¿sí?."

El hombre de la camisa desabotonada no deja de fijar su mirada en cada punto del lugar, excepto en su mujer.

-"Okey, lo siento. Te he gritado. Pero ¿qué esperas?. Tu actitud es… extraña, pues. Me preocupo. Quiero saber."

Miguel Dapino se pone de pie evidenciando un estado de mareo. Apenas puede sostenerse. Apoya ambos brazos en la pared. El ruido del llavero cayendo en el parquet despierta la imaginación del vecino anónimo quién fantasea con un arma blanca.

-"Mi amor, tú ya lo sabes todo desde hace tiempo, lo que pasa es que no quieres aceptarlo".

Claudia está a punto de plantear una interrogante, más no le da el tiempo. Su pareja se desvanece súbitamente ante sí y en un acto reflejo le abraza a fin de evitar que caiga al piso.

Antes de llamar por teléfono, Clau descubre azorada que por el bolsillo trasero del pantalón de Miguel asoma un pomo de Rohypnol.

Suena el teléfono en el departamento de Amanda.

Pazde tiembla y no atina a contestar. Se le cruza –acertadamente- por la mente que en menos de tres minutos su amiga le tocará la puerta.

Amanda Paz de la Vega intenta mantener la serenidad acogiéndose al recuerdo de tiempos felices.

Piensa al recordar el rostro destemplado de Mik ingiriendo las pastillas, si es que acaso él habrá tenido finalmente el valor de decirle a Claudia la verdad tal como señaló con suma determinación horas atrás.

-"Sea lo que sea, yo estoy preparada para todo". Ultima su pensar.

Toc, toc, toc.

-"¡Amanda despierta! ¡Miguel se ha puesto mal!."

Dos suspiros simultáneos pasan desapercibidos para la humanidad: los del vecino anónimo imaginando a dos jóvenes semidesnudas en el descanso del noveno piso y los de Pazde al abrir la puerta asustada a la vez que decidida.