Testimonio. Terremoto del 15 de Agosto de 2007.
Lima, 15 de Agosto de 2007. Venía desde la Universidad Católica hacia mi departamento. Eran las 6:30pm. Al pasar por Pueblo Libre se produjo un apagón en el alumbrado público. Bajé en Jesús María y la tierra ya estaba temblando. Empecé a subir las escaleras de mi edificio mientras los vecinos bajaban, algunos corriendo. Creía que era un temblor más –un poco más fuerte de lo habitual, pero nada de temer- y así llegué caminando tranquilo al tercer piso. Cuando estaba por abrir la puerta de mi depa vino el remezón más intenso y casi pierdo el equilibrio. Estuve apoyado contra una columna alrededor de dos minutos hasta que terminó la tembladera. Entré a mi casa entonces y sobrevino una réplica breve, pero sentida. Decidí llamar a mi mamá, con quien hacia minutos (en el taxi) había hablado por celular, pero era imposible: mi teléfono no admitía salida de llamadas. Entonces di la vuelta y salí afuera a buscarla, ya que sabía que estaba en casa de mi madrina a sólo tres cuadras de distancia. Al salir, los vecinos me increparon por haber subido las escaleras en pleno temblor y yo respondí con un gesto de fastidio. Caminé apurado y al rato ya estaba al lado de mi madre. Ella estaba aturdida y nerviosa, cerca de un estado de shock. Nunca la había visto así en mi vida.
Estuve como media hora allí con mamá, mi madrina y algunas personas más. Luego emprendí el camino de retorno a mi departamento, pero estaba muy tenso y pensé entonces que lo mejor para disiparme sería ir un rato a charlar con mis primos que viven en Pueblo Libre así que fui para allá. En la Avenida San Felipe, el tránsito de transporte público estaba normal y ello me tranquilizó ya que la actitud de la inmensa mayoría de gente que estaba en las calles era en alguna medida de un pánico que hacía sospechar que la ciudad se hallaba paralizada por un desastre. No obstante, al llegar a la zona comercial de Pueblo Libre, la inquietud en mí regresó al ver a los almacenes, restaurantes y otros cerrados. Las Avenidas Sucre y Bolívar asemejaban el panorama de un viernes santo o de un primero de enero por la tarde: escaso comercio. Ello, aunado a la muchedumbre asustada, daba un aire de desgracia genuino a la escena. Llegando donde mis primos opté por hablar lo mínimo del terremoto, pues necesitaba distensión y creo que ellos decidieron lo mismo que yo. Nos quedamos desde las 10 de la noche hasta la 1 de la mañana jugando cartas y escuchando música.
Luego de despedirme tomé mi segundo taxi de la jornada, nuevamente de regreso a casa. El taxista era de Pisco. El taxista había hablado con familiares suyos mediante un sistema de radio. El taxista me contó lo que no dijo el Presidente en su discurso y lo hizo con el sentimiento propio de quien es pariente directo de heridos y damnificados (no tenía familiares muertos, pero igual estaba acongojado porque conocía a numerosos difuntos). Fueron contundentes sus palabras y me quedaron rebotando cuando intentaba dormir. Al despertar en la mañana ya tenía una intuición de lo que vería en los medios. Infelizmente, mi pálpito era certero: la tragedia era inmensa.
El resto, es de dominio público y no es mi objetivo aquí narrarlo (para eso ya hay muchos canales de información). Solamente quería dejar aquí mi testimonio personal de los hechos con el más profundo sentimiento de solidaridad y pesar por toda la gente de Pisco, Chincha,Cañete, Ica, Yauyos, Huaytará, Castrovirreina, Huancavelica y demás afectados en otras provincias por el terremoto del 15 de Agosto.