domingo, enero 28, 2007

Bodas de Dudas


Bodas de Dudas, Apariciones Desnudas… los Arcanos murmullan, yo tan solo contemplo y me digo.


Hace tres noches fui a una boda de esas con sabor clasemediero asirante a pituco. Ceremonia religiosa en modesta pero presentable capilla de colegio religioso, recepción – fiesta en casa alquilada en La Molina, lista de novios de Ripley y publicitada luna de miel en Varadero.


Yo la verdad, quiero ser sincero, no estaba en plan de ser sociólogo. Otras veces –numerosas- en situaciones similares he analizado hasta el hartazgo y ahora no pues, tan solo tenía ganas de ser un ciudadano más.


A ver, ¿cómo es esto de comportarse como uno del montón?. A ver… nada de inducir temas de conversación, ni de preguntas capciosas con trasfondo político (que no políticamente correcto, aunque tal sea el disfraz), ni de sonreír para adentro con esa sensación de autosuficiencia que a veces nos invade tan tontamente a los científicos sociales (y humanistas en general, tal como me lo hizo extensivo una amiga psicóloga hace no mucho). A ver, pues muchacho, a ajustarse la corbata y ser normal por una vez.


Pero nada de nada les digo. No podía cumplir mi propósito. Al menos no del todo pues la primera parte –dejar la sociología en el guardarropa- la estaba cumpliendo a cabalidad. Más, lo otro –ser normal, o sea comportarme como la mayoría- simplemente no me ligaba. Dotes histriónicas nubladas, fuera de mi entorno, actuaba en una forma análoga al Síndrome de Asperger (sumido en mi mundo interior, sabedor de uno exterior, pero sin poder bien conectar con éste).


Y entonces, al cabo de hora y media, y ya en la recepción , abandoné todo esfuerzo y me dedique a la sana contemplación. Nada de analizar, tan sólo mirar y mirar con regocijo –sin ironías, con la dicha pura en el alma- a la gente.


De tanto observar, pude notar muchas cosas hermosas, pero la que más me llamó la atención fue una dama vestida de rojo que no paraba de comentar y aconsejar a todo invitado a quien se le presentaba en distintos rubros que iban desde la consejería matrimonial -siendo soltera- hasta la gerencia de hotelería y afines -sin ser su rubro-.


Rojo como el Sol del Tarot de Marsella en su periferia desparramaba rayos de luz intelectual a su alrededor y dominaba toda la escena con su verbo florido y audaz. No preciso aclarar que era la mujer más hermosa a mis ojos en toda la fiesta, ni que su rostro bronceado, de cejas pobladas, labios carnosos –encarnados de un ángel, diría- y cabellos rítmicos y sedosamente furiosos como los rayos citados me cautivaron por completo. No. No preciso hacerlo, tan solo lo menciono porque es otro el punto.


El punto es que me resultó muy familiar esto de hablar desde la soledad, o dicho de otra forma, de analizar desde la Otredad. Hasta ahí todo muy simple ¿Pero que sucede con la Mismicidad? ¿Qué hay con el “Self”? digo… ¿Qué hay con uno mismo cuando vive la vida de las letras para afuera –o de los labios para afuera-?.

Estoy escribiendo ahora mismo desde la soledad de mi departamento de Jesús María. Desde mi balcón diviso a lo lejos aquél colegio de monjas en donde fue la boda del sábado y me quedo –al filo de este crepúsculo de martes- una vez más con la batahola intrasubjetiva que procede a toda jornada como la de hoy en que analista – racionalista – científico yo (mi papel, mi rol) he realizado una perfomance más –(una mesa redonda de tantas).


El “Show” ha terminado, sin embargo. Apago la compu. Cierro mis ojos de soñador de una sociedad mejor y paso a ser un simple soñador de alcoba más (y en la cama, no hay intelectuales).Y ahora ¿quién soy?. Inquietudes sin respuestas. Artículo inconcluso. Bodas de dudas, digámosle.


(“Agraciada Maja, dame una oportunidad. ¿Nos lanzamos la Baraja?. Que si no nos conocemos, adivinarnos podremos/ ¿Será verdad tanta beldad?…”)

martes, enero 09, 2007

Me perturbas


Maura me leyó, Maura me habló y yo en silencio -hecho un mar de dudas- ahora me pregunto…

Anoche Maura me llamó. “¿Puedo visitarte un rato?” preguntó y yo le dije que por supuesto.

Ni bien entró a mi departamento empezó a buscarme un tema de conversación, contándome sobre su vida, preguntándome por la mía, comentando sobre amigos en común… Y yo, mudo.

“¿Qué te pasa?” dijo de pronto, “¿Porqué no hablas”.

Intenté ser sincero –una cuestión antes de capacidad, que de voluntad- y le conté de la manera más elegante posible que me sentía asustado.

Y antes que me repreguntara el porqué de mi actitud le señalé -¿en tono defensivo?- que a veces, muchas veces, yo no tengo nada que decir y sí mucho que ver, sentir, escuchar.

“La verdad, Mau, me gusta tu manera de hablar, lo que dices, el tono de tu voz, la manera como se ilumina tu rostro y te brillan los ojos, muy en especial cuando me hablas de la Psicología –tu carrera, tu pasión-… y por supuesto, la forma en que mueves tu cuerpo al decir tantas ideas elaboradas, siempre tan esbelta, tan garbosa, tan hermosa.. de hecho, disfruto mucho tu presencia”.

A mi amiga - que no gusta ser piropeada- le resultaron un tanto chocantes mis palabras. Al menos así lo sentí yo al verla replegada en el sillón, aunque siempre albergué la esperanza que en el fondo se sintiera sincera y justamente halagada.

Se hizo un silencio entonces y transcurrieron unos largos segundos hasta que me dijo en voz fuerte “¿Y qué es lo que te asusta?”. “No se” respondí en forma inmediata.

Y aún una hora después, cuando llegó el momento del adiós, continuaba sin saber el motivo de mi miedo.

Charlamos, claro está, de otras cosas anoche, y el momento de tensión fue breve. Sin embargo hoy trato de responderme a mí mismo ¿Y a qué le temo cuando le temo a Maura?.

Yo, hombre de 32 años, sociólogo, profesional, clasemediero, encaminado a la independencia, soltero, sin hijos, con algunos problemas de salud pero en general bien ¿A qué le temo? ¿A su éxito profesional? ¿A su reconocimiento académico? ¿A su posición social? ¿A su inteligencia? ¿A su abrumadora belleza (porque esa es la palabra: “abrumadora”)? ¿A sus seguridades e inseguridades personales? ¿A sus liberaciones y condicionamientos de género de nueva mujer del siglo XXI , de la Aldea Global? ¿A alguna otra variable no contemplada?

Son preguntas que asaltan mi ser masculino ahora. Y creo que seguirán asaltándome buen tiempo, desde aquella noche de diciembre en que Maura –tras haber leído mi artículo "El Amor y Maura" y a manera de reciprocidad- me interpeló en forma directa, aunque amistosa, el porqué de tantas actitudes, emociones, dudas mías en mis relaciones con las mujeres, en especial las de pareja (desde entonces acostumbro a callar más ante su presencia, tal como sucedió anoche).

Maura es un huracán que ha golpeado mi departamento varias veces y yo no he vuelto a ser el mismo ya. Maura quizás es la pregunta en sí misma, tal vez en ella también esté la respuesta.