La Templanza

Estela entró seguida de Amanda a la vieja casona y dejó caer la carta en la mesita de la sala de estar, al lado del teléfono.
-"Lee". Dijo secamente y subió presurosa al segundo piso.
Ella abrió el sobre y con sorpresa halló dentro dos objetos: la carta de despedida que ella misma le envío a Rocha dos años antes y una nota adhesiva sobre la misiva.
La nota tenía inscrita una frase con los trazos reconocidos del Maestro.
"Sanadora eres hoy y mañana/ mi amor está enfermo, necesito del mar/ volveré cuando sea preciso/ entonces estarás a mi lado/ no serás ni pupila ni amante/ socia: ni más, ni menos/ acepta tu destino y no dañes más/ acepta, como yo, tu enfermedad/ Paz/ Augusto."
Se derrumbó en el sofá más cercano, sollozó un tiempo que le pareció interminable. Luego quedó dormida.
Al abrir los ojos, Estela estaba sentada a su lado. Sintió un leve temor.
-"Bueno, te quedo todo claro ¿no?"
-"Sí, mi Angel de las Crisis"
-"Así me gusta. Quédate unos días aquí en la Casa mientras te recuperas. Luego podrás rehacer tu vida afuera sola ... total, ya lo hiciste una vez, supongo que no habrá problema en que lo hagas de nuevo"
-"Está bien".
La Sanadora agacha la cabeza, se pregunta cuándo volverá a ver a Augusto.
El Angel de las Crisis lee su mente y le abraza levemente el hombro izquierdo:
-"En el fondo es un hombre, simplemente un hombre... por más Maestro que sea, volverá... pero bien sabes que nada será como antes"
-"Eso ya lo sé, Estela, sólamente necesito paz".
-"Busca tu camino, niña, pero tu camino al futuro y no al pasado. De eso se trata".
Un mes más tarde, Amanda se fue definitivamente de la vieja casona, consiguió un nuevo trabajo como Arquitecta y empezó a comprar a plazos un departamento, esta vez con vista propia al mar.
Dos meses después visitó a sus padres, les contó todo lo acontecido y se sintió reconciliada.
Un buen día, al verano siguiente, caminando por el Malecón de San Isidro, encontró a Augusto en la hierba sentado, contemplando el mar. Con naturalidad, se recostó a su lado.
Augusto Rocha le sonrío con una mezcla de calidez y nostalgia. Le previno de la pronta venida de Claudia.
Le pidió tibiamente que se reúna con los sobrevivientes de la Antigua Unión para algunas sesiones esporádicas.
Amanda lo aceptó a él y al destino.
Ni amante, ni pupila... simplemente socia. Una solitaria aliada.
Y a pesar de todo, ante la inmensidad del mar y con ese sabor agridulce que tienen los desencantos, no pudo evitar sentirse acompañada.
Esa noche escribió en su cuaderno:
"Compañera de la Nada / Soy sólo Fe/ y Agua Salada/ Y Aliada, Alada / Soy / Soy sólo por ser".
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Capítulo correspondiente a la Parte IV: "Desencantos"
Fecha en la Ficción: Año 2005
-"Lee". Dijo secamente y subió presurosa al segundo piso.
Ella abrió el sobre y con sorpresa halló dentro dos objetos: la carta de despedida que ella misma le envío a Rocha dos años antes y una nota adhesiva sobre la misiva.
La nota tenía inscrita una frase con los trazos reconocidos del Maestro.
"Sanadora eres hoy y mañana/ mi amor está enfermo, necesito del mar/ volveré cuando sea preciso/ entonces estarás a mi lado/ no serás ni pupila ni amante/ socia: ni más, ni menos/ acepta tu destino y no dañes más/ acepta, como yo, tu enfermedad/ Paz/ Augusto."
Se derrumbó en el sofá más cercano, sollozó un tiempo que le pareció interminable. Luego quedó dormida.
Al abrir los ojos, Estela estaba sentada a su lado. Sintió un leve temor.
-"Bueno, te quedo todo claro ¿no?"
-"Sí, mi Angel de las Crisis"
-"Así me gusta. Quédate unos días aquí en la Casa mientras te recuperas. Luego podrás rehacer tu vida afuera sola ... total, ya lo hiciste una vez, supongo que no habrá problema en que lo hagas de nuevo"
-"Está bien".
La Sanadora agacha la cabeza, se pregunta cuándo volverá a ver a Augusto.
El Angel de las Crisis lee su mente y le abraza levemente el hombro izquierdo:
-"En el fondo es un hombre, simplemente un hombre... por más Maestro que sea, volverá... pero bien sabes que nada será como antes"
-"Eso ya lo sé, Estela, sólamente necesito paz".
-"Busca tu camino, niña, pero tu camino al futuro y no al pasado. De eso se trata".
Un mes más tarde, Amanda se fue definitivamente de la vieja casona, consiguió un nuevo trabajo como Arquitecta y empezó a comprar a plazos un departamento, esta vez con vista propia al mar.
Dos meses después visitó a sus padres, les contó todo lo acontecido y se sintió reconciliada.
Un buen día, al verano siguiente, caminando por el Malecón de San Isidro, encontró a Augusto en la hierba sentado, contemplando el mar. Con naturalidad, se recostó a su lado.
Augusto Rocha le sonrío con una mezcla de calidez y nostalgia. Le previno de la pronta venida de Claudia.
Le pidió tibiamente que se reúna con los sobrevivientes de la Antigua Unión para algunas sesiones esporádicas.
Amanda lo aceptó a él y al destino.
Ni amante, ni pupila... simplemente socia. Una solitaria aliada.
Y a pesar de todo, ante la inmensidad del mar y con ese sabor agridulce que tienen los desencantos, no pudo evitar sentirse acompañada.
Esa noche escribió en su cuaderno:
"Compañera de la Nada / Soy sólo Fe/ y Agua Salada/ Y Aliada, Alada / Soy / Soy sólo por ser".
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Capítulo correspondiente a la Parte IV: "Desencantos"
Fecha en la Ficción: Año 2005



