sábado, enero 23, 2010

La Templanza


Estela entró seguida de Amanda a la vieja casona y dejó caer la carta en la mesita de la sala de estar, al lado del teléfono.

-"Lee". Dijo secamente y subió presurosa al segundo piso.

Ella abrió el sobre y con sorpresa halló dentro dos objetos: la carta de despedida que ella misma le envío a Rocha dos años antes y una nota adhesiva sobre la misiva.

La nota tenía inscrita una frase con los trazos reconocidos del Maestro.

"Sanadora eres hoy y mañana/ mi amor está enfermo, necesito del mar/ volveré cuando sea preciso/ entonces estarás a mi lado/ no serás ni pupila ni amante/ socia: ni más, ni menos/ acepta tu destino y no dañes más/ acepta, como yo, tu enfermedad/ Paz/ Augusto."

Se derrumbó en el sofá más cercano, sollozó un tiempo que le pareció interminable. Luego quedó dormida.

Al abrir los ojos, Estela estaba sentada a su lado. Sintió un leve temor.

-"Bueno, te quedo todo claro ¿no?"

-"Sí, mi Angel de las Crisis"

-"Así me gusta. Quédate unos días aquí en la Casa mientras te recuperas. Luego podrás rehacer tu vida afuera sola ... total, ya lo hiciste una vez, supongo que no habrá problema en que lo hagas de nuevo"

-"Está bien".

La Sanadora agacha la cabeza, se pregunta cuándo volverá a ver a Augusto.

El Angel de las Crisis lee su mente y le abraza levemente el hombro izquierdo:

-"En el fondo es un hombre, simplemente un hombre... por más Maestro que sea, volverá... pero bien sabes que nada será como antes"

-"Eso ya lo sé, Estela, sólamente necesito paz".

-"Busca tu camino, niña, pero tu camino al futuro y no al pasado. De eso se trata".

Un mes más tarde, Amanda se fue definitivamente de la vieja casona, consiguió un nuevo trabajo como Arquitecta y empezó a comprar a plazos un departamento, esta vez con vista propia al mar.

Dos meses después visitó a sus padres, les contó todo lo acontecido y se sintió reconciliada.

Un buen día, al verano siguiente, caminando por el Malecón de San Isidro, encontró a Augusto en la hierba sentado, contemplando el mar. Con naturalidad, se recostó a su lado.

Augusto Rocha le sonrío con una mezcla de calidez y nostalgia. Le previno de la pronta venida de Claudia.

Le pidió tibiamente que se reúna con los sobrevivientes de la Antigua Unión para algunas sesiones esporádicas.

Amanda lo aceptó a él y al destino.

Ni amante, ni pupila... simplemente socia. Una solitaria aliada.

Y a pesar de todo, ante la inmensidad del mar y con ese sabor agridulce que tienen los desencantos, no pudo evitar sentirse acompañada.

Esa noche escribió en su cuaderno:

"Compañera de la Nada / Soy sólo Fe/ y Agua Salada/ Y Aliada, Alada / Soy / Soy sólo por ser".

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Capítulo correspondiente a la Parte IV: "Desencantos"

Fecha en la Ficción: Año 2005

domingo, enero 17, 2010

Comenzar de Nuevo




Lo sé, Doctor. Lo sé. Es un corte superficial.

Vea Usted, es que ella quedó traumatizada por la sangre, por la violencia, por todo eso.

Sí, Doctor, totalmente de acuerdo en que hay casos mucho más importantes que atender aquí en Cuba. Disculpe la impertinencia.

Correcto, hoy mismo le da de alta.

Sí, es mi esposa. Formalizamos nuestra relación ahorita nomás, la semana pasada… aunque ya llevábamos conviviendo poco más de un año.

¿Qué haré?. Pues lo que Usted dice: la llevaré al Psicólogo y la acompañaré en todo lo necesario.

Ah, respecto a nuestra estancia aquí. Pues aprovecharé estas dos semanas para pasear, conocer La Habana Vieja, ir a la playa, la idea es que sea como una luna de miel para nosotros. En la medida de lo posible, claro.

Correcto, ella tiene que usar esta crema como bloqueador solar y las vendas aún por una semana más.

Sí, por supuesto que me siento culpable. Disculpe, no estoy anímicamente bien como para conversarle acerca del accidente.

No, no. No fue un caso de violencia doméstica. Fue una riña que ella tuvo con una tercera persona.

Aquí tengo que firmar, okei. Sí, mi apellido se escribe así “Dapino” todo junto. Miguel Dapino Bohórquez. Nacionalidad peruana, claro.

¿Ella?. Pues su nombre completo es Claudia Montes del Campo, peruana también. Aunque también tiene la nacionalidad española.

Usted es muy intuitivo, Doctor. Sí, de aquí nos vamos a vivir para allá una temporada. Para olvidar lo sucedido en Lima. Comenzar de nuevo.

¿Ah?¿Cómo dice?. No, a Madrid, no. A Barcelona nos vamos, es que para ambos vivir junto al mar es importante, Usted lo entenderá bien supongo.

Gracias, mil gracias por su comprensión, Doctor Valdés.


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Capítulo correspondiente a la Parte IV: "Desencantos"


Fecha en la Ficción: Año 2004

martes, enero 12, 2010

Ilusiones


Dos manos entrelazadas.

De repente, el amor. Aquel amor postergado. Aquel sentimiento evadido. Años viviendo en el despecho. Huyendo. Disfrazando de amistad todo sentimiento comprometedor. Y de repente, inevitable como un terremoto, el amor.

De repente, el amor. Aquel amor anhelado. Aquel sentimiento soñado. Años viviendo en la soledad. Desesperando. Disfrazando de eternidad cualquier sentimiento incipiente. Y de repente, inevitable como el verano, el amor.

Chiquilla, chiquilla. Existías finalmente. ¿Porqué has tardado tanto en venir?. Tu rostro tímido y dulce. Tus palabras de sabihonda. Tu risa fresca, tu piel suave, tu cabello oliendo a flores. Rebelde sanadora que lo cuestiona todo y ahora hasta a mis propios votos.

Maestro, querido maestro. Viniste a rescatarme de una vida absurda. ¿Qué de bueno he hecho yo para merecer el milagro de tu aparición? Tus palabras acertadas, tu voz ronca como la de un león. Robusto y tierno león que guías mi camino, mi profesión y ahora hasta mi propio corazón.

Ojos color té, té de jazmín, de ti, de ti, me enamoraré.

Ojos color menta, de menta primaveral, mi azúcar y mi sal, en mí la pasión inventa… y conmigo para lo que todo fuese, cuenta.

Amanda, terminaré por creerme que esto es verdad.

Es, Augusto, es.

Parecía imposible.

Aprende a creer en nuestras almas.

Tú aprendiste mis lecciones.

Ahora es tú turno de confiar en el destino.

¿Guardarás el secreto?

¿Lo guardaré? ¿Quieres decir que seremos pareja?.

Di: “sí”.

Sí.

Dos corrientes marinas confluyeron. Era inevitable. Allí, en la vieja casona de madera con vista al Pacífico. Una madrugada de tantas. En silencio y a oscuras. El amor, simplemente el amor irrumpió inocente e irresponsable.

Una “unión” dentro de la Unión. Una herejía. La ruptura de los votos de castidad de un hombre de mediana edad. El final de la adolescencia de una mujercita impetuosa. El preanuncio de la Crisis.

Las cartas echadas estaban.

Esta historia terminaría como terminan todas las ilusiones.

Alumna y Maestro. Estela lo sabía. Que todo se lo llevaría tras de sí la luz. Era cuestión de hacer de tripas, corazón y que pase el tiempo. Entonces ella ocuparía su lugar, como buena Angel de las Crisis que era. Que siempre fue y será.

Más, por ahora: tan sólo dos cuerpos entrelazados, amando y dejándose amar.

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Capítulo correspondiente a la Parte II : "Ilusiones".

Fecha en la ficción: Año 2001