Más allá de las nubes
Jamás imaginé estar con una chica como ella.
Bailaba como una diosa en el centro de la pista. Más que bella, sensual. Más que sensual, extática, impúdica, lujuriosa y soberanamente vital.
"Inalcanzable como una estrella" pensaba para mis adentros.
Danzaba sin mirar a nadie, impartiendo de manera natural su dominio absoluto en el imperio del deseo. Como si estuviese más allá de las nubes. Una diosa, una Afrodita.
Manu y el “Gordo” se deshacían en comentarios campechanos, lascivos, soeces para con ella. Pero al igual que todos los hombres de la fiesta no pasaban de las palabras a los hechos. No se atrevían. Mucha mujer para cualquiera.
En el carro apenas si nos dijo tres o cuatro frases hechas.
Ahora en la pista aquella ensombrecida mujer se había transformado en la reina de la noche, un ser plus-humano que brillaba con luz propia y encendía pasiones. Incluso el vaivén del mar de esta playa parecía excitarse al ritmo de sus movimientos y la tierra asemejaba temblar nerviosa al contacto de su gloriosa piel.
A mí nunca me gustó compartir la cultura del macho que pone en un altar a la mujer para luego hacerla suya y pisotearla, sin embargo esta hembra era irresistible para mí. La deseaba, sí, la deseaba. A un mundo de distancia la deseaba.
En un momento bajé la mirada y agaché la cabeza porque no soportaba más. Manu se percató:
-"¿Qué pasa Miki? ¿Te estás bajoneando otra vez?"
-"No es eso, es que Ustedes, su machismo… ya saben, me pone incómodo, pero normal, sean ustedes mismos. Aquí el que está fuera de lugar soy yo."
-"Pero no exageres pues, hermano. No es para tanto. La comadre está diez puntos, ¿Vas a decirme que no?"
-"Es demasiado bella y me perturba."
-"¿Te perturba o te arrecha?."
Manu sonríe.
-"Ambas cosas, pues. Soy de carne y hueso ¿O no?"
-"Ese Mikito… por fin, te me estás desahuevando ¿ah? ¿Por qué no le haces el habla?"
-"Por la misma razón que tú."
-"¿Cuál?"
-"Temes que te chotee."
-"Puta, causa… ¿Qué te puedo decir? Es un hembrón. O sea, no hay mujer imposible, pero con alguien así hay que ser muy estratégico."
-"Sí. Ya vi lo bien que tu “estrategia” funcionó en el carro. La quisiste florear y apenas te respondía. Ni siquiera miraba a nadie más que a su amiga y esto es… se la pasaba mirando al mar o al cielo."
-"Pero lo intenté, broder y la noche aún es joven. Que corra mas trago y ya veremos."
-"Manu, admítelo. Con otra la harías. Eres bueno gileando, pero esta chica está más allá de las nubes, más allá de cualquiera."
-"¿Más allá de qué?. Huevadas hablas, eso te pasa por “pollo”: un par de chelas y te friqueas mal."
-"Bueno, igual no creo que la hagas."
-"¿Qué te apuesto? Vas a ver como ella va terminar en conmigo en “Las Estrellas” del Kilómetro 45, que para tu información no es precisamente un observatorio astronómico."
Entonces el “Gordo” que embobado y en silencio prestaba algo de atención al diálogo, intervino.
-"Manu, esta es la noche de Miki, deja que él se la agarre."
Manu ríe.
-"¿Dé qué te ríes?"
-"No seas malo “Gordo”. Miguel aún no juega en primera, hay que ir paso a paso, por ahí hay unas flacas de artes de la universidad que son gileables, nos acercamos a su mesa y que el hombre haga lo suyo."
Entonces estallé.
-"¿Saben qué?. Son mis amigos y gracias por sacarme de la depresión de mierda en la que estaba. Pero esto es demasiado, yo soy diferente con las mujeres, por favor respeten eso. Yo no “gileo” ni hago las vainas que hacen Ustedes."
-"Pero bien que te quieres almorzar a esa chica “de las nubes” o cómo michi sea que hayas dicho."
-"Soy de carne y hueso, pero tengo mis valores."
-"Ya, no te ases Miki."
-"No estoy molesto. Solamente estoy poniendo un límite."
-"¿Estás tranquilo?"
-"Normal."
Pero no era verdad, en realidad estaba muy aturdido.
Entonces dieron las doce.
Entonces me quedé estático unas milésimas de segundos y observé que mientras cada quién aprovechaba para abrazar a alguien del sexo opuesto, a ella nadie se le acercaba.
Entonces no sé cómo, sentí un impulso impensado y me le acerqué.
“Feliz Año Nuevo” le dije y la besé en la boca, la abracé y a empellones la arrastré debajo de la barra del bar para manosearla, acariciarla y decirle que la quería con toda mi alma.
Si ella estaba más allá de las nubes, como dice la consigna yo aquella noche tomé al cielo por asalto.
Y al amanecer, ay, al amanecer… no me quedan frases para describir lo que sucedió aquél amanecer.
Tan sólo estas palabras -a la luz del sol más rojo que haya conocido mi mirar- puedo remembrar:
-"Te amo Claudia."
-"Te amo Miguel."
Bailaba como una diosa en el centro de la pista. Más que bella, sensual. Más que sensual, extática, impúdica, lujuriosa y soberanamente vital.
"Inalcanzable como una estrella" pensaba para mis adentros.
Danzaba sin mirar a nadie, impartiendo de manera natural su dominio absoluto en el imperio del deseo. Como si estuviese más allá de las nubes. Una diosa, una Afrodita.
Manu y el “Gordo” se deshacían en comentarios campechanos, lascivos, soeces para con ella. Pero al igual que todos los hombres de la fiesta no pasaban de las palabras a los hechos. No se atrevían. Mucha mujer para cualquiera.
En el carro apenas si nos dijo tres o cuatro frases hechas.
Ahora en la pista aquella ensombrecida mujer se había transformado en la reina de la noche, un ser plus-humano que brillaba con luz propia y encendía pasiones. Incluso el vaivén del mar de esta playa parecía excitarse al ritmo de sus movimientos y la tierra asemejaba temblar nerviosa al contacto de su gloriosa piel.
A mí nunca me gustó compartir la cultura del macho que pone en un altar a la mujer para luego hacerla suya y pisotearla, sin embargo esta hembra era irresistible para mí. La deseaba, sí, la deseaba. A un mundo de distancia la deseaba.
En un momento bajé la mirada y agaché la cabeza porque no soportaba más. Manu se percató:
-"¿Qué pasa Miki? ¿Te estás bajoneando otra vez?"
-"No es eso, es que Ustedes, su machismo… ya saben, me pone incómodo, pero normal, sean ustedes mismos. Aquí el que está fuera de lugar soy yo."
-"Pero no exageres pues, hermano. No es para tanto. La comadre está diez puntos, ¿Vas a decirme que no?"
-"Es demasiado bella y me perturba."
-"¿Te perturba o te arrecha?."
Manu sonríe.
-"Ambas cosas, pues. Soy de carne y hueso ¿O no?"
-"Ese Mikito… por fin, te me estás desahuevando ¿ah? ¿Por qué no le haces el habla?"
-"Por la misma razón que tú."
-"¿Cuál?"
-"Temes que te chotee."
-"Puta, causa… ¿Qué te puedo decir? Es un hembrón. O sea, no hay mujer imposible, pero con alguien así hay que ser muy estratégico."
-"Sí. Ya vi lo bien que tu “estrategia” funcionó en el carro. La quisiste florear y apenas te respondía. Ni siquiera miraba a nadie más que a su amiga y esto es… se la pasaba mirando al mar o al cielo."
-"Pero lo intenté, broder y la noche aún es joven. Que corra mas trago y ya veremos."
-"Manu, admítelo. Con otra la harías. Eres bueno gileando, pero esta chica está más allá de las nubes, más allá de cualquiera."
-"¿Más allá de qué?. Huevadas hablas, eso te pasa por “pollo”: un par de chelas y te friqueas mal."
-"Bueno, igual no creo que la hagas."
-"¿Qué te apuesto? Vas a ver como ella va terminar en conmigo en “Las Estrellas” del Kilómetro 45, que para tu información no es precisamente un observatorio astronómico."
Entonces el “Gordo” que embobado y en silencio prestaba algo de atención al diálogo, intervino.
-"Manu, esta es la noche de Miki, deja que él se la agarre."
Manu ríe.
-"¿Dé qué te ríes?"
-"No seas malo “Gordo”. Miguel aún no juega en primera, hay que ir paso a paso, por ahí hay unas flacas de artes de la universidad que son gileables, nos acercamos a su mesa y que el hombre haga lo suyo."
Entonces estallé.
-"¿Saben qué?. Son mis amigos y gracias por sacarme de la depresión de mierda en la que estaba. Pero esto es demasiado, yo soy diferente con las mujeres, por favor respeten eso. Yo no “gileo” ni hago las vainas que hacen Ustedes."
-"Pero bien que te quieres almorzar a esa chica “de las nubes” o cómo michi sea que hayas dicho."
-"Soy de carne y hueso, pero tengo mis valores."
-"Ya, no te ases Miki."
-"No estoy molesto. Solamente estoy poniendo un límite."
-"¿Estás tranquilo?"
-"Normal."
Pero no era verdad, en realidad estaba muy aturdido.
Entonces dieron las doce.
Entonces me quedé estático unas milésimas de segundos y observé que mientras cada quién aprovechaba para abrazar a alguien del sexo opuesto, a ella nadie se le acercaba.
Entonces no sé cómo, sentí un impulso impensado y me le acerqué.
“Feliz Año Nuevo” le dije y la besé en la boca, la abracé y a empellones la arrastré debajo de la barra del bar para manosearla, acariciarla y decirle que la quería con toda mi alma.
Si ella estaba más allá de las nubes, como dice la consigna yo aquella noche tomé al cielo por asalto.
Y al amanecer, ay, al amanecer… no me quedan frases para describir lo que sucedió aquél amanecer.
Tan sólo estas palabras -a la luz del sol más rojo que haya conocido mi mirar- puedo remembrar:
-"Te amo Claudia."
-"Te amo Miguel."



