Aquel derecho verde
Hoy por hoy a muchos
de nosotros nos consterna la problemática ecológica por la que atraviesa el
planeta. La degradación ambiental en general y el cambio climático en
particular afectan de manera severa a los ecosistemas del globo y por ende a
las sociedades humanas que habitan en aquellos: epidemias, migraciones forzosas
e incluso guerras por el control de recursos que empiezan a escasear -como el
agua- son parte del actual panorama.
Ante esta realidad,
se plantea al desarrollo sostenible como al horizonte a mirar: se trata de
luchar contra la pobreza al tiempo que se preserva el medio ambiente para
generaciones futuras. Suena muy sensato, pero lamentablemente es un enfoque
incompleto ya que los dirigentes del desarrollo son los Estados quienes a
menudo se ven tentados de centrar tal en el crecimiento económico y sacrificar
bienes que para las poblaciones e individuos son valiosos en nombre del
desarrollo, por ejemplo el uso ancestral de parte de los pueblos indígenas de
sus territorios.
Frente a los excesos
del "desarrollismo" (utilitarismo, en realidad) de los Estados se
hace imperativo considerar otra perspectiva: los Derechos Humanos. Los DDHH
tienen mucho que decir frente a la problemática ecológica ya que su norte es
precisamente realizar la dignidad del ser humano -el valor que tiene aquél por
el mero hecho de serlo- la misma que solamente puede concretarse en la armonía
con el ambiente. Me explico, todo lo humano es parte de la naturaleza (o dicho
de otra forma, el ser humano vive e incluso "es" en naturaleza)
aunque por su faceta de ser racional tienda a transformar a aquella.
El
planteamiento del Derecho al Medio Ambiente Sano (Declaración ONU de Estocolmo
de 1972) es muy claro al respecto: el ser humano es "obra y artífice del
medio ambiente". Este derecho humano es clave para apuntalar el rol de los
DDHH en la actual crisis ecológica ya que incide en el meollo del asunto al
afirmar el derecho a gozar de un entorno natural saludable y al
señalar que tal conlleva el deber de preservar el medio ambiente. Desafortunadamente
en la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible (“Cumbre de Río + 20”, este año
2012), la perspectiva de derechos no fue tomada en cuenta en su integralidad y
el Derecho a un Medio Ambiente Sano ni siquiera fue incluido en el proceso de
deliberaciones. Lo mismo sucede en otros foros.
Todo ello responde a
una lógica utilitarista, combinada con los intereses del gran capital (que en
su mirada cortoplacista depredan el ambiente sin medir la consecuencias) que
presionan a los Estados a seguir considerando la crisis ecológica como un tema
al margen de los DDHH. Pero tampoco hay que dejar de ser críticos con los
defensores de derechos: durante mucho tiempo han permanecido ajenos a la causa
ambientalista. Recién ahora están empezando a abrir los ojos y entendiendo cuán
importante es aquella para la meta de la dignidad humana, es hora de despertar
de una buena vez y actuar con la firmeza que la circunstancia amerita.


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