martes, diciembre 30, 2008

Abre la puerta



-“Mik. Contesta.”
-“Oe loquito, abre pues. Sabemos que estás ahí”.


Buzz, buzz. El intercomunicador suena incesantemente.

Miguel ha permanecido todo el día aletargado. No ha comido nada, no se ha bañado, no ha encendido las luces a esta hora en que ya es oscuro adentro del departamento.

Las horas pasaron nomás, mientras él hizo un repaso mental del año que se iba.

Recordó felicitaciones, muchas. Su graduación como magíster en Derecho Empresarial, su ascenso en la Compañía, la publicación de su primer libro –un análisis de la problemática de las políticas fiscales y las inversiones extranjeras en el Perú-.

Pensó aún con asombro acerca de su independencia: la compra de este “depa” que marcó el final de una etapa asfixiante en su vida familiar.

-“Abre, pues, huevón. Somos tus patas ¿Cuál es el roche? ¿Estás depre?. Normal, pe. Yo también me bajoneo a veces. ¡Contesta el inter!”.

- “Mik, loquix, ¿Estás mal, no?. Ya pues, para eso estamos los amigos. No te la des de Supermán, el Gordo tiene razón. O sea, puta, normal pues, cualquiera se bajonea. Son cosas que pasan.”

-“Hagamos una cosa, Broder. Sabemos que estás allí. Si no respondes en diez minutos, llamamos a la Policía. Es en serio.”


Buzz, buzz. El “inter”no deja de sonar y tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe: los amigos de Miguel han conseguido quebrar un estado de ensimismamiento total que lleva un día entero ya.

Se pone de pie, y sin decir nada oprime como un autómata el botón que abre la puerta del edificio.

El “Gordo” y Manu, ingresan raudamente. En el breve trayecto del ascensor hablan:

-“Gordo. Mik debe estar con uno de sus rayes. Mejor no preguntarle nada, si quiere hablar le escuchamos. Pero nosotros a lo nuestro: nos lo llevamos a la Fiesta.”

-“Sí pues. A pique que si le preguntamos algo se pone a llorar o a romper cosas y ahí sí laca...”

Los compañeros de universidad de Mik entran al “depa”. Miguel saluda en voz baja.

Ellos pretenden que todo está normal, le proponen para ir a una fiesta de año nuevo a un balneario del Sur. Callan acerca de su evidente mal estado –Miguel está sucio y maloliente, cosa muy extraña en él-.

-“Vamos, pues, me baño y me cambio. Pero yo no manejo ¿ah?.”

- “No te preocupes, ya alguien se ofreció para conducir.”

- “¿Uno de Ustedes?.Quedamos en que nunca más yo me subía a un carro manejado por un borracho”.

-“No, Mik, es una sorpresa... bueno, qué chu, te lo digo: vamos en el carro de una amiga de Manu, que viene con una amiga de ella.”

-“¿Quiénes son, Manu? ¿Haz regresado con Dalia?.”


Manu ríe.

-“Nada, nada. Es una chica nueva, no la conoces. Se llama Florencia, pero es sólo un agarre nomás.”

- “¿Y la amiga de ella, quién es?”.

-“No sé, huevón, apenas la ví un toque cuando me la presentó anoche. Tiene una pinta de péndex … por ahí que campeonas, loco. Ja.”


El "Gordo" interrumpe:

-“Ya báñate de una vez, que las hembritas nos están esperando.”

- “Tengo un hambre… no he comido en todo el día.”

-“Entonces apúrate, en el camino paramos en el Mac que han puesto ahí por el Kilómetro 60.”

Mientras Miguel se ducha, siente una inmensa gratitud por sus amigos. “Me están rescatando” piensa. “Y tú pon de tu parte, ya deja de pensar en todas esas cosas, ha sido un buen año ¿ Qué tanto te reprochas?. Okei, okei, fue un año sin enamorada y con mal sexo. ¿Pero qué más?. En todo lo otro te fue excelente ¿o no? ¿¿o no??”. Repite sus palabras finales con ansiedad.

Manu habla por el celular:

-“Sí, amorcito, en media hora estamos en tu casa. ¿Ya llegó tu amiga?”

Miguel ahora se está vistiendo. Manu y el “Gordo”, confianzudos como siempre, entran en su habitación.

-“Florencia y su amiga nos están esperando. Acabo de hablar con ella”.

- “¿Cómo me dijiste que se llamaba su amiga?”.

-“Ah sí, justo Flo me lo acaba de decir
(Manu habla en tono jacarandoso). Me dijo que por si acaso se llama Claudia, para que la saludemos como gente… “como gente” así como lo oyes, eso dijo, qué clase de pastrulos imaginará que somos, Ja.”

Miguel clava su mirada en el horizonte -en las últimas luces del ocaso de un año que muere- y divaga:

“Claudia, Claudia…igual que esa chica que salió en el noticiero, la hija del general, pobrecita”.


viernes, diciembre 26, 2008

La hija del general



Claudia siente el sofoco de las primeras noches de un largo verano. Le es difícil dormir. Miente. Se esconde de los amigos, malhumorada. Apenas se reconoce en el espejo.

Súbitamente oye por la ventana a un vecino tocar el piano esa canción. Justo esa canción. "¿Acaso habremos dos devotos de Tom Jobim en esta calle?". Se pregunta.

Entonces, se sorprende a sí misma sonriendo incipientemente.

Recuerda las palabras que ante un trance desdichado, con voz cordial y a la vez solemne, le dijo su padre una vez:

“Niña, en la vida pasaremos buenos momentos y tragos amargos, pero mientras estos tus ojos verdes turquesa ¡los más bellos en este planeta!... mientras estos ojitos sigan brillando, nunca, pero nunca olvides que tenemos una Misión y que debemos ser felices por ella - pase lo que pase- recuérdalo siempre.”

La hija del General suspira.

Se da un baño de agua fría para refrescar esta medianoche ardiente.

Mas tarde querrá coger el teléfono, pero para entonces el sueño le estará venciendo -y el estrés también- y volverá a caer en la blandura de su añosa cama. Su último refugio, su cómplice y testigo.

Al otro lado de la línea, Tomás Montes maldecirá a sus colegas, a sus superiores, al Presidente desertor.
Se desvelará. Y romperá en franca desesperación cuando el periódico se deslice por debajo de la puerta incriminándolo en los titulares.

No esperará al noticiero de la mañana, ni a la aparición de los agentes del servicio de inteligencia o de la policía militar. No hay embajada que querría acogerlo y de ello estará muy consciente. Se tomará cinco estrictos minutos para redactar un testimonio acaso tardío y tomar su arma de reglamento entre las manos.

Entonces, la acariciará como a las mejillas de su bebita, de su Clau de los montes, de las flores y de las estrellas. Y en comunión con ella, la amará como a la vida misma.

Tres horas después, al despertar entre gritos y llantos de un inesperado sueño apacible, Claudia se enterará del suceso por boca de su propia madre.

martes, diciembre 23, 2008

Clic

Apenas baja del carro, el llavero cae al suelo. No termina de controlar aún la tembladera.

Hace un esfuerzo emocional por intentar mantener la precaria ecuanimidad que le ha permitido realizar el camino de retorno.

Respira profundo, se agacha y recoge el manojo.

Al ponerse de pie, se encuentra cara a cara con la vecina.

La revelación súbita de aquella belleza intensa le cae a Miguel como un baldazo de agua helada.

Atónito y mudo, no puede abstraerse del mirar hechizante de aquellos ojos color miel que tiene en frente.

Amanda rompe en un instante su estado de laxitud habitual.

Está impresionada por la visión de un hombre evidentemente alterado, impecablemente vestido y perfumado, agitado y trémulo, agraciado como un ángel despeinado, con el aura roja y confusa, con el alma en la boca, una boca carnosa y sonrosada que es de Claudia y sólo de Claudia –se recuerda con fervor-.

Inhala suave e intensamente, en un acto de “pranayama” bien aprendido. Concentra su hálito de calma en la mirada intentando proyectar así un mínimo de tranquilidad a ese hombre.

Miguel no puede esquivar esa miradita. Es dulce, es pacífica, es soñadora, es auténtica, es transparente, es feliz. No puede ocultar su estado de subyugación y lo sabe. Es una situación tan incómoda como inédita y decide romper el hielo.

-“Hola”

Su voz carraspea y se interrumpe abruptamente. Si la palabra hubiese tenido una sílaba más, hubiese sido inevitable quebrarse en una tos indecorosa.

-“Hola”. responde Amanda haciendo brillar sus ojos como sólamente ella aprendió a plasmar en aquellas viejas clases de tantrismo.

Miguel siente un golpe de ansiedad en el pecho.

-“¿Porqué hago esto?” Se reprocha ella acto seguido. “Amanda no coquetees, por lo que más quieras”. Finaliza su pensar.
Mik, fiel a su estilo, pasa al ataque cada vez que se siente atrapado.

-“¿Eres la nueva vecina, no? ¿la amiga de Claudia?”

-“Sí, soy Amanda, mucho gusto.”

-“Por favor…, el gusto es mío. Me llamo Miguel”.

Titubea tres segundos y replica.

-“Disculpa. ¿Amanda?. Claudia me había dicho otro nombre.”

-“Ah, ella me llama “Pazde”. Es que así me decían en el Colegio… por mi apellido: Paz de la Vega”.

-“Oh, entiendo. Yo soy Miguel Dapino”.

Al decir esto último, Mik evoca mentalmente el episodio que tan sólo minutos antes sufriera en el estacionamiento. Siente sed. Mucha sed.

De pronto, se abre el ascensor. Es Claudia.

Amanda se sonroja como si hubiese hecho algo malo.

Miguel no sabe si sentirse aliviado o asustado.

Dos mentes piensan simultáneamente lo mismo: “¿Nos habrá estado viendo desde arriba?”.

La tercera mente está nublada por el amargo sabor de una desagradable intuición.

Claudia siente que hierve a fuego lento.

Frente a los celos: fuerza y dignidad. No hay que demostrar fragilidad, Clau.

-“Hola, veo, que ya se conocieron. Por fin. Justo anoche le estaba diciendo a Mik que ya tenía que presentarlos. A ver si hacemos una reu el fin de semana ¿no amor?. Para que Pazde conozca nuestro hogar”.

Y finaliza:

-“Y a ver si así te animas otro día a invitarnos a tu depa de soltera, Amandita. Me muero por conocer el refugio de la diseñadora de interiores más famosa de Lima.”

-“Soy Arquitecta, Clau. Lo del diseño es sólo un complemento, un recurseo…”

-“Si tú lo dices, Pazde… bueno, ¿vamos a la casa, mi vida?...ay Mik, estás pálido, seguro que en la Oficina habrás comido algo que te cayó mal … ¡Bye querida!”

-“Chau Claudia, chau Miguel”.

-“Hasta luego, Amanda”. Se despide él.

jueves, diciembre 18, 2008

La frontera



Toda mi vida he actuado por temor.

Cuando niño, le daba la razón a mis padres y a mis profesores por temor.

Luego, estudié Derecho por temor.

Tuve mi primera enamorada por temor.

Entré a trabajar en la Compañía por temor.

Convivo con mi mujer por temor.

Despierto temprano la mayor parte de mis días, con temor, y con temor me visto de saco y corbata. Le doy un beso en los labios a Claudia, por temor y así temeroso me subo al carro que también compré por temor.

El temor me ha llevado a ser lo que se suponía debía ser acorde la posición social en la cuál nací. No obstante, no consigo controlar a una voz interna que lo critica todo, incluyéndome a mí mismo.

Y ella está en lo cierto: vivo como un alienado. Pero ¿qué puedo hacer?. Tengo miedo a algo que considero peor aún: ser un marginal -incluso respecto de mí mismo-.

El miedo más que un compañero, es mi definición, mi frontera.

Cuando sueño, se libera mi ánima y me despego de mi cuerpo. Observo a Claudia, es hermosa y merece ser amada, pero yo no puedo hacerlo. Observo a un mundo que se derrumba y sé que debiera hacer algo –aunque sea por mero sentido práctico- por cambiar las cosas, pero me inhibo.

Ahora el principio del mundo exterior es ella, mi Clau (¿mi Clau? ¡qué estoy diciendo!). Pero no la amo y no lo hago simplemente porque no puedo amarme a mí mismo.

Y no puedo amarme a mí mismo, porque no he conseguido establecer una auto-concepción mínima de quién soy.

No me conozco y estoy virtualmente condenado a seguir como un borrego el camino pre-establecido por la sociedad. El rumbo trazado por mi familia, por mi comunidad.

Soy un hipócrita. Rezo sin creer. Declaro sentimientos falsos. Hablo en nombre de convicciones que no comparto. Desempeño constantemente roles con los que no me identifico. Antes que un actor, soy un farsante. Un completo farsante.

Y aunque pareciera estar justificando mi actitud ante la vida, la verdad es que me siento culpable porque creo que alguna solución a este bloqueo que padezco debe existir. No puedo renunciar a intentar el cambio.

Mientras tanto, sigo temiendo y cada día con más fuerza.

Resulta que mis pensamientos rebeldes son cada vez más intensos. Mi voz interna grita como una fiera encerrada y al no terminar de encuadrar mi razón con la realidad, temo lo peor: que un día mi ánima no vuelva más a mi cuerpo. Que me desdoble definitivamente y lo poco que soy se anule del todo.

Antes que ello suceda, preferiría morir.

Entonces pienso en la gente que me quiere y me doy fuerzas para seguir adelante, aunque no sepa adónde, pero adelante.

Me llamo Miguel o Mik, para los amigos. Mucho gusto Señor. El gusto es mío. En qué puedo servirle. Busco ser coherente. Comience por su mujer, le aconsejo. Ya lo he intentado, pero ella no me entiende, pierde la paciencia, me grita. ¿Usted la ama?. No sé, creo que no amo a nadie. Usted necesita ayuda. Ya lo sé ¿Porqué cree que he venido aquí?. ¿Aquí? Aquí no hay nadie, Usted está hablando sólo. Carajo, estoy hablando solo.

Cálmate, Mik. Respira. Ponte de pie. Recuerda: esta Avenida se llama Las Begonias. Ese auto azul es el tuyo. Sólamente sube y enrumba a tu casa. Hazme caso. Trata de no pensar. Pon música, que eso siempre ayuda. Sugiero algo tranquilo y en portugués.

Repito como un mantra aquella canción de Jorge Ben “La fora está chovendo mais asimessmo eu vou correndo só pra ver o meu amor…”.

El camino, se hace rápido cantando. Estaciono. ¿Quién es esa chica?. Es preciosa. Ups. Es la nueva vecina. La amiga de Claudia. ¿Cómo se llamaba?. No importa. Debe ser una mujer feliz, estoy seguro. No de otra forma se explica tanta beldad.

Soy Miguel Dapino y temo: a perder a mis padres, a arruinar mi relación de pareja, a quedarme sin trabajo y sin dinero. Temo muchas cosas.

Por encima de todas ellas, tengo miedo a dejar de ser y a la vez seguir existiendo.


http://www.youtube.com/watch?v=obxYgupVvUE


[*Haz Clic arriba para ver a Jorge Ben tocando "Que Maravilha"]


miércoles, diciembre 17, 2008

Luna caliente


-"Miguel, mírame a los ojos y dime".

Es de madrugada y Claudia está furiosa al tiempo que intenta conservar la calma.

-"Miguel, ¿me oyes?."

Es domingo ya y Miguel intenta no recordar lo sucedido antes de la medianoche.

-"Miguel, ¡dime algo! ¿Dónde haz estado? ¿Porqué no contestabas al celular?."

Clau empieza a perder la paciencia y un vecino anónimo es despertado por su voz.

Mik parece que fuese a hablar, pero no. Apenas abre la boca para dar un indisimulado bostezo y continuar sentado en el sillón de la sala, con la mirada perdida y el llavero aferrado a su mano izquierda.

-"Ya, hombre, dime de una vez qué está sucediendo. ¿Te peleaste con alguien? ¿problemas de plata? ¿se ha muerto tu papá, tu mamá? ¡¿qué mierda está pasando!? ¡dijiste que vendrías a las siete para y te apareces a las tres de la mañana… así todo palteado, despeinado y con la camisa abierta! ¡mírame cuando te hablo!."

-"Claudia Montes, me estás gritando."

-"Por fin, el señor se digna a dirigirme la palabra. ¿Qué ha pasado?."

-"No puedo tolerar que me alces la voz, Clau. Respétame ¿sí?."

El hombre de la camisa desabotonada no deja de fijar su mirada en cada punto del lugar, excepto en su mujer.

-"Okey, lo siento. Te he gritado. Pero ¿qué esperas?. Tu actitud es… extraña, pues. Me preocupo. Quiero saber."

Miguel Dapino se pone de pie evidenciando un estado de mareo. Apenas puede sostenerse. Apoya ambos brazos en la pared. El ruido del llavero cayendo en el parquet despierta la imaginación del vecino anónimo quién fantasea con un arma blanca.

-"Mi amor, tú ya lo sabes todo desde hace tiempo, lo que pasa es que no quieres aceptarlo".

Claudia está a punto de plantear una interrogante, más no le da el tiempo. Su pareja se desvanece súbitamente ante sí y en un acto reflejo le abraza a fin de evitar que caiga al piso.

Antes de llamar por teléfono, Clau descubre azorada que por el bolsillo trasero del pantalón de Miguel asoma un pomo de Rohypnol.

Suena el teléfono en el departamento de Amanda.

Pazde tiembla y no atina a contestar. Se le cruza –acertadamente- por la mente que en menos de tres minutos su amiga le tocará la puerta.

Amanda Paz de la Vega intenta mantener la serenidad acogiéndose al recuerdo de tiempos felices.

Piensa al recordar el rostro destemplado de Mik ingiriendo las pastillas, si es que acaso él habrá tenido finalmente el valor de decirle a Claudia la verdad tal como señaló con suma determinación horas atrás.

-"Sea lo que sea, yo estoy preparada para todo". Ultima su pensar.

Toc, toc, toc.

-"¡Amanda despierta! ¡Miguel se ha puesto mal!."

Dos suspiros simultáneos pasan desapercibidos para la humanidad: los del vecino anónimo imaginando a dos jóvenes semidesnudas en el descanso del noveno piso y los de Pazde al abrir la puerta asustada a la vez que decidida.

viernes, diciembre 12, 2008

Amanda amaba


Amanda amaba.

Amaba la naturaleza, los atardeceres en la playa, los cerros de Santa Eulalia, los recuerdos de tantos viajes en tren por campos remotos y floreados. A la vida.

Amaba a la gente, a todos y a todas quienes le hacían reír y también pensar, a la complicidad de sus amigas, a la blanca serenidad del placer intemporal que se procuraba con sus amantes. Al juego de la vida.

Amanda amaba, amaba demasiado.

Amaba tanto que se podía decir que era feliz. Tanto, que estudiaba despreocupada, aprendiendo dormida, aprobando con las más altas calificaciones. Tanto amaba, que perdía la noción de los vaivenes de la vida y así, extraviada, era querida y apreciada por su entorno.

Amanda amaba su trabajo y su trabajo le mimaba. Amigas y amigos. Viajes. Un sueldo de envidia. Sin ambiciones, crecía, ganaba posiciones. Tan radiante se la veía a cualquier día y a cualquier hora que podía decirse que era hermosa. Y glamorosa, elegante, simpática, dichosa… amable.

Amanda amable amaba.

Hasta que un día el karma se llamó Claudia. Apareció porque sí el día de la mudanza. Resultó ser la nueva vecina de su departamento recién estrenado. Resultó ser una antigua compañera del colegio a quien no veía hacía años.

-“Claudia, Clau ¿Eres tú? ¡A los años!”
-“¿Amanda Pazde…? ¿del Sophianum? ¡Qué sorpresa! ¡Estás regia!”
-“Gracias… tú estás divina, mujer…”
-“Ay, no… ni digas… estoy hecha un desastre con el estrés que me mata… ¿Ves estas ojeras?... entre mi mamá, la rutina y Miguel, ni duermo, ni vivo.”
-“¿Miguel?”
-“Mi novio. El de abajo, allá en el estacionamiento… uy, ya se subió al carro. Otro día te lo presento.”


Amanda tenía balcón con vista al mar. Claudia maldormía frente a un estacionamiento. Amanda amaba su soledad, cuando aquella venía. Claudia desesperaba esperando a Miguel. Amanda salía del trabajo. Clau, apagaba la tele. Amanda regresaba del trabajo y por la escaleras oía palabras en inglés que provenían del “home theater” de Claudia. ¿O de Miguel?. Bueno, de Claudia y de Miguel.

Un día Amanda conoció a Miguel. Un día que Claudia temió llegar, Amanda Paz de la Vega habló con él.

-“Hola”. Dijo Miguel, con una voz arroncada.
-“Hola”. Le respondió “Pazde”, con una mirada zen.

Entonces empezaron los problemas.


domingo, diciembre 07, 2008

Fantasmita dice




-¿Fantasmita? ¡Eres tú!.

-Soy yo, mi Cariacontecido favorito. ¿Y ahora se puede saber porqué motivo, razón o circunstancia te me estás quejando?

-Es que no me cuaja, no me cuaja esta faceta que a mi edad ya no debiera tener.

-Ah, no sé que decirte… es obvio que en tu lenguaje acartonado estás hablando de tu “Soledad” (¡drama queen!... siempre exagerando las cosas). Pero vamos, hombre, tú sabes bien que tu camino es consecuente.

-Pero es que de verdad, me siento solo. Y más con estas “saliditas” que no me llevan a ningún lado. De hecho, me siento como en un laberinto.

-¿Y debo recordarte que por otro lado tus proyectos van bien?. No pienso ser infidente, pero sabes bien a lo qué me refiero. Los planes, querido, los planes…todo va bien.

-¿Me quejo por las puras entonces?

-Aprende a ser feliz en el camino, sonso, así como en el poema de Kavafis.

-Bueno, ya sabes que a mí en el colegio me deformaron la perspectiva con Machado: “Caminante… no hay camino, se hace camino al andar…”. Así no hay forma de disfrutar el viaje.

-Ay, así no hay forma de disfrutar la vida. Pero sirve para pelearla, que eso es importante también.

-Pues sí, y ya para salir de mi “Egocentrismo” (siempre me acusas de eso, un día me dirás “Narciso” y a ver luego como nos entendemos): ¿Cómo van las cosas por tu Dimensión?.

-¿En lo personal?, bueno ya sabes que nos estamos dando una oportunidad con el “Quetejedi” (así, en clave, que ya sé que esto va para tu Blog). No creas… ahí donde lo ves, yo lo quiero y mucho ¿ah?. Pero es difícil renunciar a la vida de soltera. Eso sí.

-¿Y en lo otro?.

-Pues, la guerra no ha estallado aún y los glaciares se derriten, pero la gente prefiere mirar para otro lado. Veremos que sucede con Groenlandia, que parece que allí está a punto de pasar algo serio con el hielo. Por lo demás el menú es el mismo : pobreza por aquí, frivolidad por allá...uf, tengo harta chamba ¿Y en tu Mundo?

-Se desató la crisis financiera global y parece que pinta muy feo.

-Ups, eso es lo que nos espera a nosotros también… Por cierto, ya te he dicho mil veces que no te voy a acusar de “Narciso”: el Narcisismo es Incompatible con tu Condición.

-Okei, pero no digas más, que la gente va a pensar cosas.

-Guardaré celosamente el secreto… Ja… cómo si yo no fuera también “caimana del mismo pozo”.

-Oh, se nos acaba el tiempo.

-Sí, la conexión se cierra. Bai, pues y tranqui nomás.

-Tú también, querida, tú también. Besos.

-Mi estimado, que conste que hace meses que no aparezco hecha una magdalena. Besos a ti