domingo, abril 19, 2009

En la ducha




Agua. Se necesita agua para lavar la ropa manchada. Se precisa agua para limpiar de sangre la navaja. Urge una catarata de agua bendita que limpie el daño que acabas de realizar, Amanda.

Pero solamente un milagro puede esperarse en esta vida y tú ya lo obtuviste.

Ahora deberás cargar tu cruz.

Mírate así, desnuda bajo la ducha de agua helada que crispa de sensaciones tu cuerpo tembloroso. Piensa en la ropa sucia dispersa en el piso del baño. Y en el arma blanca reposando en el lavadero.

Tus padres que aún no han despertado, preguntarán por tu matinal y repentina aparición. ¿Qué les dirás?

¿Y qué te dirás a ti misma? ¿"Criminal"?

Eso mismo, criminal y fugitiva. ¿De qué sirve la culpa ahora? ¿De qué sirve la culpa en sí?

La cruz, la cruz, Amanda, a eso estabas destinada.

Recuerdas ahora lo que te enseñaron en el Colegio. Que sólo el Señor sana. Tú no.

No hay “Amanda sanadora”. Ahora y siempre eres Amanda pecadora.

Desde niña fantaseabas con este momento, criminal soñadora.

Agua, agua deslizándose por tu piel, por tu ser. Agua que fluye a quién sabe donde. Tu vida misma que fluye a quién sabe donde.

Rezarás ahora ¿Verdad?.

miércoles, abril 15, 2009

Hospital Militar


Hospital Militar. Avenida Brasil.

Miguel hunde la mirada en el suelo de loza, evitando la mirada acusadora de la madre de Claudia. Al fin y al cabo, en gran parte él es responsable de esta tragedia que es tan grande y pequeña a la vez… tan personal, tan familiar, tan peruana.

Por entre las persianas de la ventana asoman las luces de un pálido amanecer, grisáceo y banal como un alba limeña de tantas.

"Este país no cambiará nunca". Piensa Claudia.

"Mamá y Miguel compadeciéndose de mí. Y papá, ausente, hablándome desde las alturas."

"¡Mamá y Miguel aquí y esa pacharaca de mierda, prófuga, luego de atacarme con su envidia milenaria!."

"Siempre me odiaste, "Pazde"…yo era la más bonita de la promoción y tú la chola más resentida del Sophianum".

"Siempre me odiaron, nos odiaron, serranos de porquería ¿Verdad papi?. Raza de flojos envidiosos. ¿Qué más podía esperarse de Ustedes? ¿Qué más sino que un día se volviesen comunistas y nos echen la culpa de las cosas que pasaron con el Descubrimiento de América?...¡Quinientos años atrás, por dios!"

"Siempre así, en el colegio era la “desteñida”, la “colorada” y en la universidad qué no decían de mi: “Pituca drogadicta, gringuita puta”. ¿Qué mierda les importaba mi estilo de vida? No podían perdonar mi felicidad, nuestra felicidad, papá."

"Fue por liberar al país decente de gentuza como Ustedes, de sus hermanos, los terrucos, que mi Padre dio la vida en el campo y años después tuvo que limpiar su honor con un balazo en el paladar."

"Estás conmigo, Papi Lindo, ¿no?. Yo sé que estás aquí a mi lado."

Claudia llora pensante y silente.

Miguel, dime cómo fue todo eso. Habla muchacho. Señora, yo no sabía… ¿No sabías qué?.. que esa chuchumeca clasemediera sólo te utilizaba para vengarse de Claudita. No, no fue así.. yo no...¿Tú no qué? ¿No caíste en su jueguito? ¡por favor! Un angelito inocente eres seguro. Señora le prometo que la apoyaré en todo a Clau, esto no quedará así, le pagaré el mejor cirujano y todo lo que sea necesario. A ver, pues.

Claudia siente el ardor de su flamante cicatriz y prefiere imaginar que la luz amaneciente es en realidad un ocaso: que pronto vendrá una larga noche, un apagón justiciero al que sucederá un país limpio, la Avenida Brasil flanqueada por altivos robles, sin combis, sin peatones, sólo con gente decente en automóviles del año, todos yendo del trabajo a la casa, de la casa a recoger a los niños del colegio, del colegio a la playa, de la playa a palacio de gobierno, a gobernar bronceados y occidentales al glorioso Virreinato del Perú.

Claudia imagina desaparecida para siempre a la República Popular de la Renovada Envidia – Pensamiento Cholitranco y a todas las Amandachas del mundo.

Claudia lleva el corazón no menos partido que el rostro.

Hospital Militar. Un susurro de hija a madre -cruzando las miradas- “Cholocausto, mami…cholocausto”.

viernes, abril 03, 2009

Ramblas abajo


Amanda amaba esta ciudad. Apreciaba su estilo de vida, pero más que ello adoraba su arquitecura.

Cada cátedra que me daba sobre este lugar empezaba y terminaba con un nombre: Gaudí.

A mí me extraña Gaudí (no entiendo su estética), me extraña el estilo de vida de aquí (no me hallo), pero antes que nada extraño a Amanda.

Mi vida sin ella no es mi vida, es la experiencia de un espectro que pulula por una ciudad falaz.

Vago interminablemente por las calles soleadas de inicios de primavera -entre una muchedumbre de mujeres de pasarela- y me siento solo, hundido, acabado.

Empiezan a florecer los árboles de las avenidas y mientras tanto, mi ánimo se marchita pensando en Claudia, en su estigma, en su victimización, en sus lágrimas, en todo aquello que me va a arruinar la cena de esta noche... como todas las noches.

Ahora está peor que nunca: me culpa de todo, de su vida, de su soledad, de sus desgracias. Me emplaza diciendo que jamás tendré la estatura moral de su padre -que en paz descanse-, que soy un indeciso, un pusilánime, un cobarde.

Y dice que quiere irse, abandonarme dizque "a mi suerte" aquí.

Que se vaya, pues.

Que se vaya y que venga Amanda sanadora.

Ah... estoy desvariando. Miguel, Miguel ¿En qué piensas? ¿En qué pensabas cuando decidiste venir aquí, justo aquí, con Clau?.

Sopla uno de los últimos vientos helados del invierno, en menos de diez minutos la vecina de la segunda planta, rubia ella, soltera y escritora amante de los gatos abrirá la puerta al pasar yo por las escaleras frente a su departamento.

Me sonreirá y me pedirá entonces que pase a echarle el Tarot. Yo responderé malament en catalá excusándome ya que mi xicota me espera para menjar. No podre dir la verdad y menos aún parlar bé la seva llengua. Seré un cero a la esquerra. Un cero que piensa en una que se apellida Paz y cuyo recuerdo atormenta mi mente.

Barcelona, me estoy volviendo demente.