Hospital Militar

Hospital Militar. Avenida Brasil.
Miguel hunde la mirada en el suelo de loza, evitando la mirada acusadora de la madre de Claudia. Al fin y al cabo, en gran parte él es responsable de esta tragedia que es tan grande y pequeña a la vez… tan personal, tan familiar, tan peruana.
Por entre las persianas de la ventana asoman las luces de un pálido amanecer, grisáceo y banal como un alba limeña de tantas.
"Este país no cambiará nunca". Piensa Claudia.
"Mamá y Miguel compadeciéndose de mí. Y papá, ausente, hablándome desde las alturas."
"¡Mamá y Miguel aquí y esa pacharaca de mierda, prófuga, luego de atacarme con su envidia milenaria!."
"Siempre me odiaste, "Pazde"…yo era la más bonita de la promoción y tú la chola más resentida del Sophianum".
"Siempre me odiaron, nos odiaron, serranos de porquería ¿Verdad papi?. Raza de flojos envidiosos. ¿Qué más podía esperarse de Ustedes? ¿Qué más sino que un día se volviesen comunistas y nos echen la culpa de las cosas que pasaron con el Descubrimiento de América?...¡Quinientos años atrás, por dios!"
"Siempre así, en el colegio era la “desteñida”, la “colorada” y en la universidad qué no decían de mi: “Pituca drogadicta, gringuita puta”. ¿Qué mierda les importaba mi estilo de vida? No podían perdonar mi felicidad, nuestra felicidad, papá."
"Fue por liberar al país decente de gentuza como Ustedes, de sus hermanos, los terrucos, que mi Padre dio la vida en el campo y años después tuvo que limpiar su honor con un balazo en el paladar."
"Estás conmigo, Papi Lindo, ¿no?. Yo sé que estás aquí a mi lado."
Claudia llora pensante y silente.
Miguel hunde la mirada en el suelo de loza, evitando la mirada acusadora de la madre de Claudia. Al fin y al cabo, en gran parte él es responsable de esta tragedia que es tan grande y pequeña a la vez… tan personal, tan familiar, tan peruana.
Por entre las persianas de la ventana asoman las luces de un pálido amanecer, grisáceo y banal como un alba limeña de tantas.
"Este país no cambiará nunca". Piensa Claudia.
"Mamá y Miguel compadeciéndose de mí. Y papá, ausente, hablándome desde las alturas."
"¡Mamá y Miguel aquí y esa pacharaca de mierda, prófuga, luego de atacarme con su envidia milenaria!."
"Siempre me odiaste, "Pazde"…yo era la más bonita de la promoción y tú la chola más resentida del Sophianum".
"Siempre me odiaron, nos odiaron, serranos de porquería ¿Verdad papi?. Raza de flojos envidiosos. ¿Qué más podía esperarse de Ustedes? ¿Qué más sino que un día se volviesen comunistas y nos echen la culpa de las cosas que pasaron con el Descubrimiento de América?...¡Quinientos años atrás, por dios!"
"Siempre así, en el colegio era la “desteñida”, la “colorada” y en la universidad qué no decían de mi: “Pituca drogadicta, gringuita puta”. ¿Qué mierda les importaba mi estilo de vida? No podían perdonar mi felicidad, nuestra felicidad, papá."
"Fue por liberar al país decente de gentuza como Ustedes, de sus hermanos, los terrucos, que mi Padre dio la vida en el campo y años después tuvo que limpiar su honor con un balazo en el paladar."
"Estás conmigo, Papi Lindo, ¿no?. Yo sé que estás aquí a mi lado."
Claudia llora pensante y silente.
Miguel, dime cómo fue todo eso. Habla muchacho. Señora, yo no sabía… ¿No sabías qué?.. que esa chuchumeca clasemediera sólo te utilizaba para vengarse de Claudita. No, no fue así.. yo no...¿Tú no qué? ¿No caíste en su jueguito? ¡por favor! Un angelito inocente eres seguro. Señora le prometo que la apoyaré en todo a Clau, esto no quedará así, le pagaré el mejor cirujano y todo lo que sea necesario. A ver, pues.
Claudia siente el ardor de su flamante cicatriz y prefiere imaginar que la luz amaneciente es en realidad un ocaso: que pronto vendrá una larga noche, un apagón justiciero al que sucederá un país limpio, la Avenida Brasil flanqueada por altivos robles, sin combis, sin peatones, sólo con gente decente en automóviles del año, todos yendo del trabajo a la casa, de la casa a recoger a los niños del colegio, del colegio a la playa, de la playa a palacio de gobierno, a gobernar bronceados y occidentales al glorioso Virreinato del Perú.
Claudia imagina desaparecida para siempre a la República Popular de la Renovada Envidia – Pensamiento Cholitranco y a todas las Amandachas del mundo.
Claudia lleva el corazón no menos partido que el rostro.
Hospital Militar. Un susurro de hija a madre -cruzando las miradas- “Cholocausto, mami…cholocausto”.


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