sábado, febrero 14, 2009

Siempre tuya


Lima, un invierno de tantos.
Querido Miguel,

Pensaba hace tiempo en escribirte una carta. No por el hecho que últimamente andas “desaparecido” de Internet, sino porque sinceramente tengo algo que decirte, algo importante que no se condice con las tecnologías modernas.

Claudia, como ya sabrás, retornó a Lima hace un mes. Nos encontramos casualmente un día en la Universidad Católica (han abierto una Facultad de Arquitectura y ahora enseño ahí, pero bueno, ese es otro cuento).

Ella parecía tranquila conmigo. Nos saludamos fríamente (“hola que tal.. bien.. ¿tú?” y esas cosas) y cuando me acerqué para dar el beso de despedida me sorprendió con una invitación a tomar un café en Miraflores esa misma noche.

No entiendo si es que Claudia es sincera u hipócrita, o si acaso está simplemente esforzándose en ser magnánima y perdonarme. El hecho es que tras esa primera velada, nos hemos reunido tres veces ya.

A mí me mata la culpa cada vez que observo la cicatriz que le causé aquella infame noche.

Me cuesta trabajo mirarla al rostro. Bajo la mirada más bien y estudio sus accesorios, sus collares, sus pulseras y se los elogio con falso entusiasmo, con el propósito de agradarle porque no termino de creer que después de todo ella haya conseguido reconciliar sus sentimientos para conmigo.

El tabú entre nosotras lleva tu nombre. No hemos hablado de ti. Ni de lo nuestro, Miguel (lo que aconteció ante el Chamán entre tú y yo), ni de nada que tenga que ver contigo.

Yo no me atrevo a preguntarle nada. No sé cómo así la relación entre Ustedes allá en Barcelona finalmente se derrumbó.

Aunque, claro, me invade la culpa porque sospecho que directa o indirectamente lo que yo hice en el tiempo previo al viaje tiene algo o mucho que ver con aquello.

Charlar con Clau, poder pretender ser amigas nuevamente, de alguna manera me va amainando todo este arrepentimiento que llevo empozado por años en el alma.

Pero, tú Miguel, tú, eres la otra cara de la moneda, el otro lado de mi estigma y tu silencio se me ha tornado ahora simplemente ingobernable.

Yo nunca más fui la misma tras lo que sucedió entre nos. Cuando Ustedes se fueron a vivir a Europa, intenté retomar mi vida sentimental pero no pude.
Aunque no lo creas en este tiempo tan largo en que las arrugas han empezado lentamente –como una serpiente serena y venenosa- a trazarme la piel, solamente he estado con un hombre.

Tuve una relación de seis meses con un jovencito diez años menor que yo. Su alegría, su idealismo y su vitalidad en un principio me hicieron sentir una mujer nueva y creí ser feliz. Pero todo fue una ilusión que pronto se desvaneció.

No te contaré los pormenores de este episodio porque no vienen al caso. El punto es que estando a su lado y también –irónicamente- estando al lado del Maestro Rocha (en las sesiones de Sanación que aún realizamos) no he podido evitar extrañarte.

Seré franca, mi vida, no solamente es la necesidad de matar mi vergüenza la que me impulsa –con el fin de reconciliarnos amicalmente- a escribirte esta carta.

Es también y principalmente, el amor que siento por ti (ya está, lo dije).

Me preocupas, Miguel, como ya dije no sé de lo acontecido en España, pero a juzgar por el semblante de Claudia y a la luz de los hechos conocidos (tu incomunicación, entre ellos) imagino que debes estar pasándola mal.

Te visualizo en mi mente tal como la primera vez que charlamos. Aquella tarde en la azotea del edificio, yo subiendo a explorar la vista a la ciudad y tú llorando frente al mar acompañado de una Inca Kola.
Entonces lo primero que me dijiste es que eras abstemio ¿recuerdas? y rompimos en una risa compartida por lo absurda que resultaba tal escena para ambos.

Mi sano amor, ¿Qué está sucediendo contigo? ¿Estás bien? ¿Puedo hacer algo por ti? ¿Quieres que viaje a Barcelona? ¿Quieres venir? ¿Me necesitas? ¿Me necesitas como yo a ti? ¿Me quieres?.

Soy la misma sonsa de siempre ¿ya ves?. Estoy llorando mientras escribo y ahora que caigo en la cuenta lo ridícula que es esta misiva, decido pues que no he de enviártela.

Guardaré esta carta en el viejo baúl de la memoria que me regaló mi abuelo (que en paz descanse) y cuando sea el momento preciso, recién me leerás.

Entonces sabrás cuánto te he querido, cuánto aún te quiero y cuánto te querré.

Siempre tuya,

AMANDA

PD: No fecharé esta epístola, pues más allá de los hechos narrados, el sentimiento que le da razón de ser es atemporal.

3 Comments:

Blogger AL* said...

Es la manera en la que narras tu sentir lo que me identificó contigo....el leerte con la empatía que lo hago, me produce un inmediado dolor de alma, de corazón y de espíritu.

Por qué consagrarnos en cuerpo y alma a un Ser que vaga en el espacio....?

Esa firma tuya de "Siempre Tuya"....la he usado un sinnúmero de veces....con el mismo sentimiento que Tú.

Yo creo q no es otra cosa más que AMOR.

12:59 p. m.  
Blogger acevedo said...

Gracias AL* por tu comentario, si este proyecto de novela genera sentimientos como la identificacion creo qeu vale la pena.

Vi tu Blog "El Nombre", muy bonito, buena onda, refrescante y humanizante.

Mucha suerte en el gran camino que haz iniciado con la Maternidad, mis mejores deseos para tu hija y para ti.

1:13 a. m.  
Blogger AL* said...

Hola.

"Tu Nombre" es el título exacto del blog, y es en honor al Poema del Maestro Jaime Sabines: "Tu nombre".

Un proyecto de novela?????????

vale la pena, creelo.

10:28 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home