domingo, abril 19, 2009

En la ducha




Agua. Se necesita agua para lavar la ropa manchada. Se precisa agua para limpiar de sangre la navaja. Urge una catarata de agua bendita que limpie el daño que acabas de realizar, Amanda.

Pero solamente un milagro puede esperarse en esta vida y tú ya lo obtuviste.

Ahora deberás cargar tu cruz.

Mírate así, desnuda bajo la ducha de agua helada que crispa de sensaciones tu cuerpo tembloroso. Piensa en la ropa sucia dispersa en el piso del baño. Y en el arma blanca reposando en el lavadero.

Tus padres que aún no han despertado, preguntarán por tu matinal y repentina aparición. ¿Qué les dirás?

¿Y qué te dirás a ti misma? ¿"Criminal"?

Eso mismo, criminal y fugitiva. ¿De qué sirve la culpa ahora? ¿De qué sirve la culpa en sí?

La cruz, la cruz, Amanda, a eso estabas destinada.

Recuerdas ahora lo que te enseñaron en el Colegio. Que sólo el Señor sana. Tú no.

No hay “Amanda sanadora”. Ahora y siempre eres Amanda pecadora.

Desde niña fantaseabas con este momento, criminal soñadora.

Agua, agua deslizándose por tu piel, por tu ser. Agua que fluye a quién sabe donde. Tu vida misma que fluye a quién sabe donde.

Rezarás ahora ¿Verdad?.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

genial.

8:51 p. m.  
Blogger Nessia said...

Tienes el don, te felicito.
Beso de fresa.

9:48 a. m.  

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