Bodas de Dudas

Bodas de Dudas, Apariciones Desnudas… los Arcanos murmullan, yo tan solo contemplo y me digo.
Hace tres noches fui a una boda de esas con sabor clasemediero asirante a pituco. Ceremonia religiosa en modesta pero presentable capilla de colegio religioso, recepción – fiesta en casa alquilada en La Molina, lista de novios de Ripley y publicitada luna de miel en Varadero.
Yo la verdad, quiero ser sincero, no estaba en plan de ser sociólogo. Otras veces –numerosas- en situaciones similares he analizado hasta el hartazgo y ahora no pues, tan solo tenía ganas de ser un ciudadano más.
A ver, ¿cómo es esto de comportarse como uno del montón?. A ver… nada de inducir temas de conversación, ni de preguntas capciosas con trasfondo político (que no políticamente correcto, aunque tal sea el disfraz), ni de sonreír para adentro con esa sensación de autosuficiencia que a veces nos invade tan tontamente a los científicos sociales (y humanistas en general, tal como me lo hizo extensivo una amiga psicóloga hace no mucho). A ver, pues muchacho, a ajustarse la corbata y ser normal por una vez.
Pero nada de nada les digo. No podía cumplir mi propósito. Al menos no del todo pues la primera parte –dejar la sociología en el guardarropa- la estaba cumpliendo a cabalidad. Más, lo otro –ser normal, o sea comportarme como la mayoría- simplemente no me ligaba. Dotes histriónicas nubladas, fuera de mi entorno, actuaba en una forma análoga al Síndrome de Asperger (sumido en mi mundo interior, sabedor de uno exterior, pero sin poder bien conectar con éste).
Y entonces, al cabo de hora y media, y ya en la recepción , abandoné todo esfuerzo y me dedique a la sana contemplación. Nada de analizar, tan sólo mirar y mirar con regocijo –sin ironías, con la dicha pura en el alma- a la gente.
De tanto observar, pude notar muchas cosas hermosas, pero la que más me llamó la atención fue una dama vestida de rojo que no paraba de comentar y aconsejar a todo invitado a quien se le presentaba en distintos rubros que iban desde la consejería matrimonial -siendo soltera- hasta la gerencia de hotelería y afines -sin ser su rubro-.
Rojo como el Sol del Tarot de Marsella en su periferia desparramaba rayos de luz intelectual a su alrededor y dominaba toda la escena con su verbo florido y audaz. No preciso aclarar que era la mujer más hermosa a mis ojos en toda la fiesta, ni que su rostro bronceado, de cejas pobladas, labios carnosos –encarnados de un ángel, diría- y cabellos rítmicos y sedosamente furiosos como los rayos citados me cautivaron por completo. No. No preciso hacerlo, tan solo lo menciono porque es otro el punto.
El punto es que me resultó muy familiar esto de hablar desde la soledad, o dicho de otra forma, de analizar desde la Otredad. Hasta ahí todo muy simple ¿Pero que sucede con la Mismicidad? ¿Qué hay con el “Self”? digo… ¿Qué hay con uno mismo cuando vive la vida de las letras para afuera –o de los labios para afuera-?.
Estoy escribiendo ahora mismo desde la soledad de mi departamento de Jesús María. Desde mi balcón diviso a lo lejos aquél colegio de monjas en donde fue la boda del sábado y me quedo –al filo de este crepúsculo de martes- una vez más con la batahola intrasubjetiva que procede a toda jornada como la de hoy en que analista – racionalista – científico yo (mi papel, mi rol) he realizado una perfomance más –(una mesa redonda de tantas).
El “Show” ha terminado, sin embargo. Apago la compu. Cierro mis ojos de soñador de una sociedad mejor y paso a ser un simple soñador de alcoba más (y en la cama, no hay intelectuales).Y ahora ¿quién soy?. Inquietudes sin respuestas. Artículo inconcluso. Bodas de dudas, digámosle.
(“Agraciada Maja, dame una oportunidad. ¿Nos lanzamos la Baraja?. Que si no nos conocemos, adivinarnos podremos/ ¿Será verdad tanta beldad?…”)


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