Me perturbas

Maura me leyó, Maura me habló y yo en silencio -hecho un mar de dudas- ahora me pregunto…
Anoche Maura me llamó. “¿Puedo visitarte un rato?” preguntó y yo le dije que por supuesto.
Ni bien entró a mi departamento empezó a buscarme un tema de conversación, contándome sobre su vida, preguntándome por la mía, comentando sobre amigos en común… Y yo, mudo.
“¿Qué te pasa?” dijo de pronto, “¿Porqué no hablas”.
Intenté ser sincero –una cuestión antes de capacidad, que de voluntad- y le conté de la manera más elegante posible que me sentía asustado.
Y antes que me repreguntara el porqué de mi actitud le señalé -¿en tono defensivo?- que a veces, muchas veces, yo no tengo nada que decir y sí mucho que ver, sentir, escuchar.
“La verdad, Mau, me gusta tu manera de hablar, lo que dices, el tono de tu voz, la manera como se ilumina tu rostro y te brillan los ojos, muy en especial cuando me hablas de la Psicología –tu carrera, tu pasión-… y por supuesto, la forma en que mueves tu cuerpo al decir tantas ideas elaboradas, siempre tan esbelta, tan garbosa, tan hermosa.. de hecho, disfruto mucho tu presencia”.
A mi amiga - que no gusta ser piropeada- le resultaron un tanto chocantes mis palabras. Al menos así lo sentí yo al verla replegada en el sillón, aunque siempre albergué la esperanza que en el fondo se sintiera sincera y justamente halagada.
Se hizo un silencio entonces y transcurrieron unos largos segundos hasta que me dijo en voz fuerte “¿Y qué es lo que te asusta?”. “No se” respondí en forma inmediata.
Y aún una hora después, cuando llegó el momento del adiós, continuaba sin saber el motivo de mi miedo.
Charlamos, claro está, de otras cosas anoche, y el momento de tensión fue breve. Sin embargo hoy trato de responderme a mí mismo ¿Y a qué le temo cuando le temo a Maura?.
Yo, hombre de 32 años, sociólogo, profesional, clasemediero, encaminado a la independencia, soltero, sin hijos, con algunos problemas de salud pero en general bien ¿A qué le temo? ¿A su éxito profesional? ¿A su reconocimiento académico? ¿A su posición social? ¿A su inteligencia? ¿A su abrumadora belleza (porque esa es la palabra: “abrumadora”)? ¿A sus seguridades e inseguridades personales? ¿A sus liberaciones y condicionamientos de género de nueva mujer del siglo XXI , de la Aldea Global? ¿A alguna otra variable no contemplada?
Son preguntas que asaltan mi ser masculino ahora. Y creo que seguirán asaltándome buen tiempo, desde aquella noche de diciembre en que Maura –tras haber leído mi artículo "El Amor y Maura" y a manera de reciprocidad- me interpeló en forma directa, aunque amistosa, el porqué de tantas actitudes, emociones, dudas mías en mis relaciones con las mujeres, en especial las de pareja (desde entonces acostumbro a callar más ante su presencia, tal como sucedió anoche).
Maura es un huracán que ha golpeado mi departamento varias veces y yo no he vuelto a ser el mismo ya. Maura quizás es la pregunta en sí misma, tal vez en ella también esté la respuesta.


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