Intimidante intimidad
"-¿Qué hora es?- Las cuatro
- Muy temprano para llegar, muy tarde para irse".
"En la Cama". La Indefensión del Individuo en el Sexo-Amor
Después de dos relaciones sexuales, Daniela y Bruno notan que para ser un encuentro casual ya es hora de decirse adiós, no obstante la ambigüedad de la madrugada hace que –bien por mero pragmatismo- lo más sensato sea esperar que llegue la mañana.
La trama de fondo de la película se funda –a semejanza del cine de terror- en el impedimento de salir que se convierte en la densa circunstancia donde los personajes quedan expuestos a espectros de diversa laya. En este caso, son los “fantasmas” de pasados y presentes personales perturbadores que afloran en cada giro de la interacción de los amantes.
Esta película tiene claramente dos partes: una introductoria, en donde se plantea de forma ligera y lúdica el argumento –dos desconocidos que en forma eventual han concretado una cita amatoria en un hostal- y una segunda en donde se desarrolla la trama, una seguidilla de giros –fundados en su mayoría en revelaciones de la “vida real” de los personajes- que enmarcados en una situación cercana al absurdo determinan el transfondo de la propuesta: las distintas facetas de la soledad en una relación de pareja y las sensaciones de miedo que las atraviesan.
De manera intencionada no se da –o al menos queda tácita- una conclusión a la trama, que vendría a ser la tercera parte de la película. Esto nos parece muy acertado ya que ¿Qué tendríamos por conclusión? Seguramente una moraleja sobre el amor, la sexualidad y los valores. Algo que decididamente perturbaría el espíritu de la propuesta artística, que es más bien dejar al libre albedrío del espectador toda moraleja –que tendería necesariamente a atravesar en buena medida el plano de lo irracional-.
“En la cama” nos transmite una sensación claustrofóbica, ello tiene sentido ya que de alguna manera sus protagonistas están atrapados en el hostal.
Irónicamente tanto ella como él, han llegado a esta situación justamente buscando huir de su circunstancia para vivir un “presente alterno”, un tiempo mágico en el cual escapar del agobio de sus cotidianeidades.
Es justo en base a este propósito frustrado que se construye el peor de los enclaustramientos. Aquél donde el individuo se encuentra solitario frente a sus miedos y sin la posibilidad de huir.
Profundicemos por partes:
1) Estar solo: se agrava por el hecho de estar tácticamente acompañado por otra persona, pero que es una extraña. Más aun si esa persona también se siente sola. La suma de dos soledades no produce compañía sino más bien ahonda el abandono original. Uno más uno no es dos, como bien dice Joaquín Sabina, pero tampoco es “uno al lado de uno”-como sugiere el cantante-, en este caso uno más uno es igual a cero (o casi).
2) Enfrentar los miedos: desde el momento en que uno busca huir, es porque algo teme. Es algo que puede presumirse desde el inicio de la película. Aquí tal presunción se corrobora en la segunda parte. El miedo es a lo desconocido –iniciar una nueva relación de pareja- con base a lo conocido –reconocer un pasado y también un presente que se niega o que se maquilla-.
3) No es posible huir: cada personaje se halla a fin de cuentas encerrado en sí mismo. La puesta en escena es de alguna forma la metáfora del Yo interno de cada uno: un pequeño mundo desprolijo, oscuro y precariamente organizado, en donde el “afuera” se percibe contra la voluntad de uno y puede irrumpir en forma amenazante en cualquier instante. Es un encierro que no protege, es agobiante por donde se le observe.
Decididamente el paralelo con el género del terror es inevitable. “En la cama” nos muestra el lado intimidante de la intimidad.
Lo atemorizante empero es aquí mayor pues lejos de poner al espectador ante una ficción “irreal” (como lo podría ser estar encerrado en una mansión victoriana a merced de un “espíritu maligno”) lo coloca en una situación verosímil y más aún cotidiana ¿Quién no ha sentido alguna vez miedo al / en el sexo y el amor? ¿Quién no ha vivido el terror de sentirse sólo y a su vez mal acompañado? ¿Quién no ha gemido de susto en la cama al lado de una presencia percibida como extraña?.
(* ”En la Cama”. Chile, 2005. Director: Matías Bize)


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