martes, noviembre 07, 2006

Acomedidos y miedosos


La desesperante pasividad de la retórica progresista.

Hace unos días el Arzobispo de Lima, J.L. Cipriani volvió a los titulares de la prensa. “Asesinos”, “mentirosos” llamó a quienes promueven la Anticoncepción Oral de Emergencia.

A estas alturas sus exabruptos poco nos llaman la atención, total, de alguna u otra forma la opinión pública sabe su punto de vista sobre este y otros temas y asimismo sus modales son harto conocidos.

Lo que aquí queremos destacar es la pasividad de los sectores progresistas frente a los excesos de este y otros personajes.

Las respuestas de quienes de modo general o particular defienden los Derechos Humanos (incluyendo los Derechos de la Mujer) es siempre tan tibia, tan políticamente correcta, tan jurídicamente aceptable que no solo no consigue titulares (porque la mesura no vende) sino que no convence a quienes esperamos no solo argumentos sino también fuerza. Y no solo argumentos establecidos (por la paz social, por el desarrollo humano… acaso tan solo por la ley) sino discursos originales y radicales.

De un tiempo a esta parte ya resulta patética la respuesta de los sectores progresistas ante cualquier acometida reaccionaria. Si hasta parece una misma respuesta –con matices- preformateada para todo: “La comunidad internacional y/o la sociedad civil se muestra preocupada frente a las amenazas a la que se ven expuestas los sectores más desprotegidos de la sociedad / las mujeres/ los pobres / los indígenas ante discursos que pretenden desconocer derechos / principios jurídicos reconocidos en el derecho internacional / la constitución de parte de autoridades respetables del Gobierno / la Iglesia Católica / las Fuerzas Armadas, una vez más nosotros firmemente comprometidos con los DDHH/ el desarrollo / la paz hacemos una invocación a que bla bla bla….”

Uno se pregunta: ¿Qué se necesita para que los progresistas respondan como debe ser? ¿Que los tilden de mentirosos y asesinos? Bueno, pues ni así dan la respuesta que se merece a individuos como Cipriani. Es lamentable ver cómo más puede el temor ante los poderes establecidos, el pánico a la transgresión, el apego a lo institucionalizado.

Si de defender los Derechos Humanos se trata creo que es hora de retomar la raíz rebelde y contestataria de los mismos y dar las respuestas consecuentes tales como:

“Mentiroso y asesino Usted señor Cipriani. Mentiroso porque desinforma respecto a lo que es la concepción. Asesino porque sabe muy bien las consecuencias de su prédica sobre la reproducción: más muerte materna y más muerte infantil”.

Recordémoslo: los Derechos se conquistan, no se mendigan.