Ciudadanía Universal. Un Sueño.

Ciudadanía
Universal :
Introducción
personal
acerca de la búsqueda de un Horizonte Utópico.
Desde hace ya varios años participo en Organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.
Lo hago porque creo en los ideales de un mundo más justo y porque comparto el concepto de una relación Estado – Ciudadanía en donde la razón de ser del primero sea realizar los derechos del segundo (al fin y al cabo, el ciudadano es un individuo de carne y hueso, mientras que el Estado es una entidad que debiera estar a su servicio).
También me suscribo al ideal de conseguir la Dignidad Humana (con todo lo problemático que sea este concepto).
En líneas generales siento satisfacción de colaborar con organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.
Y sin embargo también percibo una limitación incómoda en estos espacios. No tanto por sus falencias o errores estratégicos (del todo entendibles y abordables) sino más bien debido a su encasillamiento en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH).
Tal encasillamiento hace que no pueda luchar dentro de tales organizaciones por causas que bajo mi punto de vista pertenecen –o debieran hacerlo- al horizonte utópico de los Derechos Humanos.
No me extenderé en este punto aquí porque este es tan solo un artículo introductorio, pero el punto es que sostengo el ideal de un mundo en el que todo individuo independientemente de su nacionalidad tenga los mismos Derechos en cualquier lugar del orbe.
Ello por supuesto implica proponer una Ciudadanía Universal.
Sueño con el día que todos tengamos el mismo derecho a elegir donde vivir, un mundo en donde sea considerado tan repulsivo el acto de que un Estado controle qué personas ingresan o no a su territorio (que incluye símbolos tan oprobiosos como los controles diferenciados en los aeropuertos según la procedencia nacional de la Persona) como nos es repulsivo para nosotros que un Estado señale en que bancas del parque deban sentarse los negros y donde los blancos (como en Sudáfrica hasta fines del Siglo XX),
Sueño con un mundo sin fronteras a un hecho social tan elemental, antiguo y necesario como la Humanidad misma (y la propia Vida me atrevería a decir): la Migración.
Quisiera conocer a más gente como yo que crea que los Derechos Humanos nunca serán plenos sin el Apartheid de la Discriminación por Nacionalidad[1] -es decir, sin Ciudadanía Universal- y me gustaría luchar colectivamente bajo tal horizonte utópico.
Más adelante seguiré escribiendo sobre este tema.
Lo hago porque creo en los ideales de un mundo más justo y porque comparto el concepto de una relación Estado – Ciudadanía en donde la razón de ser del primero sea realizar los derechos del segundo (al fin y al cabo, el ciudadano es un individuo de carne y hueso, mientras que el Estado es una entidad que debiera estar a su servicio).
También me suscribo al ideal de conseguir la Dignidad Humana (con todo lo problemático que sea este concepto).
En líneas generales siento satisfacción de colaborar con organizaciones de defensa de los Derechos Humanos.
Y sin embargo también percibo una limitación incómoda en estos espacios. No tanto por sus falencias o errores estratégicos (del todo entendibles y abordables) sino más bien debido a su encasillamiento en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH).
Tal encasillamiento hace que no pueda luchar dentro de tales organizaciones por causas que bajo mi punto de vista pertenecen –o debieran hacerlo- al horizonte utópico de los Derechos Humanos.
No me extenderé en este punto aquí porque este es tan solo un artículo introductorio, pero el punto es que sostengo el ideal de un mundo en el que todo individuo independientemente de su nacionalidad tenga los mismos Derechos en cualquier lugar del orbe.
Ello por supuesto implica proponer una Ciudadanía Universal.
Sueño con el día que todos tengamos el mismo derecho a elegir donde vivir, un mundo en donde sea considerado tan repulsivo el acto de que un Estado controle qué personas ingresan o no a su territorio (que incluye símbolos tan oprobiosos como los controles diferenciados en los aeropuertos según la procedencia nacional de la Persona) como nos es repulsivo para nosotros que un Estado señale en que bancas del parque deban sentarse los negros y donde los blancos (como en Sudáfrica hasta fines del Siglo XX),
Sueño con un mundo sin fronteras a un hecho social tan elemental, antiguo y necesario como la Humanidad misma (y la propia Vida me atrevería a decir): la Migración.
Quisiera conocer a más gente como yo que crea que los Derechos Humanos nunca serán plenos sin el Apartheid de la Discriminación por Nacionalidad[1] -es decir, sin Ciudadanía Universal- y me gustaría luchar colectivamente bajo tal horizonte utópico.
Más adelante seguiré escribiendo sobre este tema.
(Mayo, 2007)
[1] Estoy usando este concepto no el sentido restringido que le otorga el DIDH de “discriminación por razones de nacionalidad de origen” sino en su acepción profunda de discriminar en el propio a derecho a ser sujeto pleno de derechos (que comprende la totalidad de derechos establecidos en el Estado que ejerce jurisdicción sobre la sociedad en la que un Individuo cualesquiera se halla insertado).
[1] Estoy usando este concepto no el sentido restringido que le otorga el DIDH de “discriminación por razones de nacionalidad de origen” sino en su acepción profunda de discriminar en el propio a derecho a ser sujeto pleno de derechos (que comprende la totalidad de derechos establecidos en el Estado que ejerce jurisdicción sobre la sociedad en la que un Individuo cualesquiera se halla insertado).


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