Sexo y Género

Por el bien de la Ciencia Social y de los Derechos Humanos es hora de poner punto final a la confusión de ambos términos en las metodologías de investigación
Recientemente –aproximadamente en los últimos cinco años- presenciamos en nuestro medio un cambio de denominación en una categoría fundamental en los instrumentos de medición social: nos referimos al trueque del término “Sexo” por el término “Género”.
Esta novedad apareció en las Organizaciones No Gubernamentales y actualmente ha sido tomada también por el Estado Peruano, incluso en su organismo emblemático en lo que a estadística social se refiere: el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática).
Ello nos parece en sí mismo –el mero cambio de denominación- erróneo. A continuación queremos sostener porqué y hacer una invocación a suprimir esta mala práctica.
El Género es una compleja construcción cultural que determina tradicionalmente en una sociedad una serie de atributos, roles, identidades y orientaciones sexuales a los Sexos biológicos a los que pertenecen los individuos (mujeres y varones).
Es pues, una construcción conceptual de segundo orden y halla su relevancia en el hecho que permite diferenciar aquello que es propio -por naturaleza- de cada sexo, de aquello que lo es por convención social.
Como hemos adelantado, en los últimos años hemos podido observar cómo en forma errónea numerosos instrumentos de investigación –entre los que destacan las encuestas- optan por suplir la denominación “Sexo” por “Género” sin que cambie el fondo de la categoría relevada: el sexo biológico del individuo.
Al hacerlo, pretenden utilizar un lenguaje “políticamente correcto” pero lo único que consiguen es desnaturalizar el concepto de “Género” al equivalerlo a “Sexo” (cual si fuesen sinónimos), precisamente la idea opuesta a la mencionada construcción de segundo orden.
Ello tiene su explicación, según hemos constatado, en el equívoco que genera una insistencia agresiva del uso del concepto “Género” de parte de organizaciones e individuos defensores de derechos de la Mujer y también de los derechos de personas LGBTT[i] (destacando, entre todos, los Feminismos); insistencia en la que priman los argumentos coactivos (descalificar de “machista” por ejemplo a quien se niegue a reconocer la idea “Género”) por sobre aquellos persuasivos y pedagógicos (como puede ser explicar propositivamente con paciencia en qué consisten una y otra cosa).
En todo caso es necesario clarificar las cosas: cuando hablamos de cuestiones meramente biológicas es Sexo, cuando estamos viendo los condicionantes culturales que se pretenden imponer al Sexo, entonces recién estamos hablando de Género.
Hacemos un llamado enérgico a que tanto por el bien de la Ciencia Social, como por la necesidad de visualizar la amplia gama de vulneraciones a los Derechos Humanos que emanan de los prejuicios de género (que afectan principalmente a las Mujeres y a las personas LGBTT) que retornemos a la antigua y correcta práctica de utilizar la categoría “Sexo” en los instrumentos de investigación cuando de preguntar se trata bajo qué sexo biológico nació la persona entrevistada / encuestada.
[i] “LGBTT” significa “Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero y Transexuales”.


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