Claudita

Me espían. Lo sé.
Creo que es por envidia. ¿A quién se le ocurre meterse a monja?. Tendría que ser muy fea, muy resentida para ser una de ellas.
Me detestan por lo que represento, porque yo tengo cosas que ellas ni en sueños tendrían. Una familia bien ubicada. Pretendientes. Plata. Inteligencia.
Sí, “inteligencia” dije. Porque verdades sean dichas, aparte de la Hermana Sofía, todas las demás monjas del Sophianum son brutas. Solo saben hacerse las santas y reprimir. Y hurgar en mi vida, claro. Chismosas, pervertidas.
¿Que soy muy joven para tener enamorado?. ¿A los trece años?. Ja. ¿Qué saben ellas?. Malditas. Se lo contaron todo a papá y a mamá.
Ahora ya llevo dos semanas castigada aquí en mi casa. ¿Les conté que vivo en la Villa Militar de Chorrillos, no?. Pues eso, de la Villa al Colegio, del Colegio a la Villa. Nada más puedo hacer (bueno, mis tareas y algo de tele, pero eso no cuenta).
Y para colmo, mi mamá me controla los minutos que le telefoneo a Amanda. No entiendo porque mi vieja jode tanto con eso que “Pazde” y su familia no están a nuestro nivel. ¡Eso ya lo sé!. Obvio que ella no es de los nuestros. ¿Me crees tarada mami?.
Entonces porqué insisto tanto en pedir su visita, dirán. Simple. Amanda es la más dócil de la clase.
Creo que es por envidia. ¿A quién se le ocurre meterse a monja?. Tendría que ser muy fea, muy resentida para ser una de ellas.
Me detestan por lo que represento, porque yo tengo cosas que ellas ni en sueños tendrían. Una familia bien ubicada. Pretendientes. Plata. Inteligencia.
Sí, “inteligencia” dije. Porque verdades sean dichas, aparte de la Hermana Sofía, todas las demás monjas del Sophianum son brutas. Solo saben hacerse las santas y reprimir. Y hurgar en mi vida, claro. Chismosas, pervertidas.
¿Que soy muy joven para tener enamorado?. ¿A los trece años?. Ja. ¿Qué saben ellas?. Malditas. Se lo contaron todo a papá y a mamá.
Ahora ya llevo dos semanas castigada aquí en mi casa. ¿Les conté que vivo en la Villa Militar de Chorrillos, no?. Pues eso, de la Villa al Colegio, del Colegio a la Villa. Nada más puedo hacer (bueno, mis tareas y algo de tele, pero eso no cuenta).
Y para colmo, mi mamá me controla los minutos que le telefoneo a Amanda. No entiendo porque mi vieja jode tanto con eso que “Pazde” y su familia no están a nuestro nivel. ¡Eso ya lo sé!. Obvio que ella no es de los nuestros. ¿Me crees tarada mami?.
Entonces porqué insisto tanto en pedir su visita, dirán. Simple. Amanda es la más dócil de la clase.
Ella es la única que de verdad me aguanta. No me pregunten porqué, pero es así. Me aguanta porque sí, sin compartir mi estilo de vida. Nunca me aceptó un cigarro, también cree que no es buena idea estar con enamorado a nuestra edad. ¿O será que es así de puro miedosa nomás?. No lo sé.
Escucho la voz de mi madre que me pregunta que si ya me he cambiado, hijita, que no puedo pasarme toda la tarde con el uniforme escolar.
No le respondo. Detesto el uniforme, pero no me da la gana de arreglarme, de vestirme.
Estoy depre, pues. Estoy asada. ¡Dos semanas encarcelada!. ¿Y todo porqué?. Por unas saliditas monses con Raúl, el de quinto de media del San Felipe. Por verme con ese mongo que a las justas sabe besar (ay Señor, ¿porqué me peleé con Riky?).
Observo el reloj de pared de Disneylandia que hay en mi cuarto. Me lo compró papá cuando viajamos a Orlando. Entonces tenía ocho años. Él es más comprensivo que mamá. Siempre lo fue. Y más generoso también.
Observo el reloj y espero que den las seis, que es mas o menos la hora que mi papi llega a la casa.
Cuando vea su carro doblar por la entrada de la Villa, recién allí me cambiaré. Y me peinaré y nos saludaremos con un abrazo.
Le pediré que por favor me deje invitar a Amanda a la casa el viernes después de clase. Que acepto mi mes de castigo, pero que hasta los presos tienen derecho a visitas.
Sé que aceptará. Él tampoco es amigo de monjas, curas y mojigaterías. Es un hombre recto, sí, pero no un pacato. No tiene las tonterías que mamá tiene en la cabeza.
Tiene que aceptar. Sí. Porque Amanda y yo somos amigas. Porque más aún que no ver a los chicos y estar enjaulada en la Villa, lo que me está bajoneando horrible es la decisión de las monjas de no dejarnos juntar a las dos ni en los recreos.
¿Qué tiene que ver Amanda en todo esto?. Les pregunto yo. ¿Qué?. Y las hermanas callan. Ellas no saben nada de nada. ¿O acaso se piensan algo?. Podría ser, por lo degeneradas que son, podría ser. Pero mejor no imaginarlo.
La brisa del mar de Chorrillos enfría la calle, enfría mi cuarto, enfría mi alma.
Apúrate, papito, apúrate. Ya no aguanto más.
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*Capítulo correspondiente a la Parte I "El Pasado".
Fecha en la ficción: Año 1988.


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