jueves, julio 23, 2009

Llora, abraza, sana...

-"Entonces eso es lo que sucedió con Claudia."

-"Sí Augusto... perdón.. Maestro."

-"Puedes tutearme."

Amanda lloriquea.

El Maestro Rocha piensa en voz alta.

-"Por cosas como la que me haz contado es que hice votos de castidad."

-"Explíqueme, por favor."

-"Para concentrar mis energías eróticas todas... al cien por cien... en sanar."

Hace una pausa. Observa compasivamente a su pupila.

-"Llora, querida, llóralo todo... es un paso necesario para romper con ese tormento."

De pronto, un crujido se oye en la puerta.

-"¿Alguien está detrás de esa puerta, Augusto?"

-"Es posible... Estela es muy curiosa."

Abre los ojos con temor.

-"Tranquila Amanda, tu secreto está a salvo... todos aquí en la Unión hemos hecho el Voto de Silencio Fraternal."

-"Igual está mal que espíe conversaciones privadas ¿no?."

-"Tienes toda la razón, pero no te preocupes que yo me haré cargo de eso."

-"¿La sancionarás?."

-"Tomaré la medida disciplinaria correspondiente... pero te estás desubicando... estás buscando alguien en quién depositar tu ira por Claudia, y esa mujer no es Estela, creeme... y tu Madre tampoco ciertamente."

-"¿Y qué me hago con todo esto que tengo aquí entre el corazón y la garganta entonces?"

-"Para empezar, llora, pero de verdad... esas lagrimitas de niña no bastan."

Augusto Rocha toca con sus dos manos las mejillas de Amanda y siente la humedad lacrimal. Respira profundo.

-"Llora como solo las mujeres saben llorar: a mares, Amandachay."

-"Está bien, lo haré... lo haré como lo hice en quinto de media...¿y después?: ¿Después qué?"

-"Después me encargaré personalmente de tu Sanación."

Un abrazo y un llanto desgarrador se confunden en la habitación.

La luz de la vieja lámpara apenas ilumina las paredes de madera.