El Ojo Caviar

Hoy Jueves 27 de Setiembre hubo una manifestación en contra de la agresión ejecutada contra el monumento "El Ojo que Llora".
Definitivamente del todo saludable expresar colectivamente el rechazo ante esta cobarde agresión de parte presuntamente de grupos fujimoristas quienes seguramente quisieran volver al viejo negocio de la Guerra en donde ellos eran "los buenos" y los terroristas "los malos" (estando la sociedad civil y la partidocracia entre "los tontos útiles" y "los que estorban").
Siempre sostuve que Fujimori y sus partidarios lejos de traer orden, lo que generaban era desorden. La corrupción, el crimen y el caos fueron realizados y promovidos desde el Gobierno en la década de 1990 y los logros alcanzados frente al terrorismo no fueron gracias a ellos, sino a pesar suyo.
Existen ya abundantes artículos al respecto de quiénes realmente derrotaron a Sendero Luminoso y al MRTA. Y aunque no es santo de mi devoción, he de expresar que en particular me parecen acertados los análisis de Fernando Rospigliosi en esta materia. También Gustavo Gorriti es muy certero.
Ahora parece muy fácil decir todo esto porque el fujimorismo está decaído. Pero no lo era así hace más de siete años. Yo manifesté entonces lo que ahora estoy diciendo en las calles y en las letras, y de eso hay pruebas y testigos.
No soy de los que esperan a ver al adversario en desgracia para hacer leña del árbol caído y es por eso que ahora voy a señalar algo que seguramente a muchos disgustará.
El adversario está también adentro nuestro.
Recuerdo un artículo que publiqué en la Revista "Flecha en el Azul" en el año 2001 en donde llamaba la atención a los estudiantes anti-fujimoristas y dizque demócratas acerca de realizar internamente ellos mismos una serie prácticas corruptas similares a las que enrostraban a la Dictadura.
Ahora debo decir algo antipático nuevamente. No fui a la Marcha de Desagravio al "Ojo que Llora". Y no lo hice por principios.
Me explico: la manifestación fue convocada a las 10 de la mañana en un día de semana. Puede parecer banal, pero no creo que lo sea así. Ya se ha vuelto desde hace años una costumbre de parte de organizaciones de derechos humanos y de desarrollo convocar a eventos en horas en las que la mayoría de la gente trabaja.
Para mí aquí hay un mensaje implícito: si no dispones de los privilegios de pertenecer a nuestro Círculo -es decir, de que te remuneren tus horas laborables por venir a marchar-, no eres invitado, eres solo un convidado de piedra, eres el Otro, eres solo uno más que nos verá por la televisión o en los periódicos y deberá aplaudirnos a nosotros porque somos "los buenos".
Porque ahora "los buenos" son los defensores de derechos humanos y la democracia, ya no Fujimori como antes. Y así está pontificado desde "El Comercio" y la prensa "seria", amén.
"Caviares" nos dicen quienes nos odian y tienen en parte razón.
Cuando nos reunimos en eventos en pro de los DDHH , el Desarrollo u otro fin loable-coctelitos, exposiciones artísticas, presentaciones de libros- donde o bien sólo estamos invitados cuatro gatos, o bien el Resto no está de facto incluído porque jamás será receptor de nuestra selectiva publicidad.
Cuando salimos a protestar a la calle en horarios laborables sabiendo que no sólo no nos descontarán el sueldo, sino que además, "quedaremos bien" con nuestros empleadores.
Cuando elegimos reunirnos en los sitios más snobs del Perú (el Centro Cultural de la Católica, el "Patagonia", "Café-Café", "La Baguette" y un largo, pero elitista etcétera) para entre risa y risa, disertar sobre los valores demócraticos, el derecho internacional de los derechos humanos y la necesidad de una alternativa "de Izquierda". (Recuerdo incluso, cuando en 1999 un grupo de estudiantes y egresados universitarios en plena movida anti-fujimorista decidió hacer una reunión de coordinación política en el Club de Regatas Lima... "y habría que ordenarnos para que Ustedes que no son socios entren el carro de Fulanito").
Caviares, pues, caviares somos entonces. Y hay que asumirlo porque sólo así podremos cambiar y combatir a ese Adversario Interno que nos tienta una y otra vez a vivir la sensualidad de sentir que somos a final de cuentas una élite (con ese gustito tan delicioso que es saberse ser la cereza de la torta) y aislarnos así del resto de la sociedad.
La Escultora Mutal sugiere dejar así (semi destrozado) al "Ojo que Llora" para hacer reflexión y no olvidarnos de esos Adversarios Externos tan infames que son los Fujimoristas y sus socios. Yo añadiría que dicha Reflexión debería incluír el tener presente también a nuestro Adversario Interno.


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