Me voy

¿Hice todo lo que pude?. ¿Todo lo que debí?.
No tengo respuestas, Augusto. No tengo.
Así de simple.
Lo intenté. Apliqué todas tus enseñanzas.
Lo hice a mi modo. Con mi inexperiencia, con mi torpeza a cuestas.
Lo hice a tu manera también. Con tu condescendencia, con tu insistencia implacable.
Sabes bien que me mata el remordimiento.
Sabes bien que darme por vencida es peor que darme por muerta: es ser un cero a la izquierda, es perder mi dignidad.
Pero me doy por vencida igual.
Ya no soporto esto más.
Y no frunzas el ceño por anticipado, que esto no es por Estela.
Sé bien que ella desea ser tu mujer, que a sus ojos yo soy la intrusa, la "otra".
Pero no. No es por ella. Una mujercita acomplejada no habría de doblegarme.
Es por ti, por nosotros, por la Unión. Por los principios asimilados.
Soy o fui una Sanadora, las etiquetas poco importan ahora: el hecho es que me queda clara mi vocación y mi poder de ayudar a los demás.
"Es por ti, por nosotros, por la Unión", digo… y no soy del todo franca. Es principalmente por mí misma, por algo que no puedo explicar. Siento una terrible claustrobia en la Casona.
Quiero irme. Y me voy. Punto.
Capricho o no: me voy.
Para estar libre o para estar aislada. O para ambas cosas: me voy.
Me pondré el disfraz de arquitecta y empezaré un camino al que quisiera llamar “mi vida”: La Vida de Amanda. De la nueva Amanda. De la auténtica Amanda.
Previamente te informo que hablaré con mi madre como me aconsejaste tantas veces.
Gracias por tus consejos.
Siempre ocuparás un lugar importante en mi corazón. Fuiste mi primer hombre y la vez mi maestro…mi Maestro Rocha.
Quizás algún día vuelva, no lo sé. Eso el tiempo lo dirá.
Un último favor: dile a los chicos, a las chicas de la Unión, que estoy bien ¿Sí?. Y que los quiero mucho a todos.
Prometo recordar todas tus sabias palabras, pero solamente en algo he de rebelarme.
No me preguntes porqué pero me resisto a pensar que poseo esa “mente criminal” de la que tanto hablaste.
Tengo mis sentimientos negativos, por las heridas que bien conoces.
Pero de “criminal” nada, Augusto. En eso sí creo que erraste.
Aún así, es bueno que me hayas puntualizado ello con tanto fervor: conseguiste hacerme reaccionar, cuestionarme desde la raíz mi propia Identidad y eso fue bueno.
Y lo más importante, sé que lo hiciste de buena fe y con cariño.
Estoy que escribo y escribo, sin saber si te enviaré esta misiva. Y estoy que pienso y pienso porque pensar en lo nuestro es mantenerlo vivo. Pero no. Ya no doy más.
Esta no es una decisión, porque es algo que va más allá de mi voluntad.
Me voy nomás y todo lo demás, pretextos son.
Me voy porque una fuerza me arrastra cual huracán hacia un destino incierto.
Y no sé como poner punto final a estas palabras.
¿Hago lo correcto? O mejor dicho: ¿Qué diablos estoy haciendo con esta maleta en la mano, sentada en el malecón, esperando un taxi y escribiendo en un sucio lápiz, con mis cabellos despeinados y malvestida como si fuese una loca de atar?.
No tengo respuestas, Augusto, no tengo.
Gracias por todo. Te quiero mucho. Me voy. Cuidate. Diles a todos en la Unión que los quiero. Te suplico que me perdones. Me mata el arrepentimiento.
Ay, me estoy repitiendo.
Bueno, ya: Chau.
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Capítulo correspondiente a la Parte III: "La Sangre"
Fecha en la ficción: Año 2003
No tengo respuestas, Augusto. No tengo.
Así de simple.
Lo intenté. Apliqué todas tus enseñanzas.
Lo hice a mi modo. Con mi inexperiencia, con mi torpeza a cuestas.
Lo hice a tu manera también. Con tu condescendencia, con tu insistencia implacable.
Sabes bien que me mata el remordimiento.
Sabes bien que darme por vencida es peor que darme por muerta: es ser un cero a la izquierda, es perder mi dignidad.
Pero me doy por vencida igual.
Ya no soporto esto más.
Y no frunzas el ceño por anticipado, que esto no es por Estela.
Sé bien que ella desea ser tu mujer, que a sus ojos yo soy la intrusa, la "otra".
Pero no. No es por ella. Una mujercita acomplejada no habría de doblegarme.
Es por ti, por nosotros, por la Unión. Por los principios asimilados.
Soy o fui una Sanadora, las etiquetas poco importan ahora: el hecho es que me queda clara mi vocación y mi poder de ayudar a los demás.
"Es por ti, por nosotros, por la Unión", digo… y no soy del todo franca. Es principalmente por mí misma, por algo que no puedo explicar. Siento una terrible claustrobia en la Casona.
Quiero irme. Y me voy. Punto.
Capricho o no: me voy.
Para estar libre o para estar aislada. O para ambas cosas: me voy.
Me pondré el disfraz de arquitecta y empezaré un camino al que quisiera llamar “mi vida”: La Vida de Amanda. De la nueva Amanda. De la auténtica Amanda.
Previamente te informo que hablaré con mi madre como me aconsejaste tantas veces.
Gracias por tus consejos.
Siempre ocuparás un lugar importante en mi corazón. Fuiste mi primer hombre y la vez mi maestro…mi Maestro Rocha.
Quizás algún día vuelva, no lo sé. Eso el tiempo lo dirá.
Un último favor: dile a los chicos, a las chicas de la Unión, que estoy bien ¿Sí?. Y que los quiero mucho a todos.
Prometo recordar todas tus sabias palabras, pero solamente en algo he de rebelarme.
No me preguntes porqué pero me resisto a pensar que poseo esa “mente criminal” de la que tanto hablaste.
Tengo mis sentimientos negativos, por las heridas que bien conoces.
Pero de “criminal” nada, Augusto. En eso sí creo que erraste.
Aún así, es bueno que me hayas puntualizado ello con tanto fervor: conseguiste hacerme reaccionar, cuestionarme desde la raíz mi propia Identidad y eso fue bueno.
Y lo más importante, sé que lo hiciste de buena fe y con cariño.
Estoy que escribo y escribo, sin saber si te enviaré esta misiva. Y estoy que pienso y pienso porque pensar en lo nuestro es mantenerlo vivo. Pero no. Ya no doy más.
Esta no es una decisión, porque es algo que va más allá de mi voluntad.
Me voy nomás y todo lo demás, pretextos son.
Me voy porque una fuerza me arrastra cual huracán hacia un destino incierto.
Y no sé como poner punto final a estas palabras.
¿Hago lo correcto? O mejor dicho: ¿Qué diablos estoy haciendo con esta maleta en la mano, sentada en el malecón, esperando un taxi y escribiendo en un sucio lápiz, con mis cabellos despeinados y malvestida como si fuese una loca de atar?.
No tengo respuestas, Augusto, no tengo.
Gracias por todo. Te quiero mucho. Me voy. Cuidate. Diles a todos en la Unión que los quiero. Te suplico que me perdones. Me mata el arrepentimiento.
Ay, me estoy repitiendo.
Bueno, ya: Chau.
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Capítulo correspondiente a la Parte III: "La Sangre"
Fecha en la ficción: Año 2003


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