domingo, octubre 04, 2009

El Puente de Besalú


El puente es impresionante. Medieval, del siglo XI, por ahí.

Al atravesar el añejo portón -camino al pueblo- sentí una metáfora de mi propia vida: siempre yo cruzando, huyendo, sin saber de donde ni adonde. Buscándome a mi mismo, a mis trentaintantos. ¿Entiendes?. Y de pronto tuve una revelación.

¿Qué es lo que no comprendes?. Ah, lo del puente.


Mira, Besalú es un pueblo antiguo de Catalunya, y bueno, la cosa es que el puente fue diseñado como única entrada al lugar –amurallado todo- y marcaba (aún marca) un camino que tiene una puerta que en aquellos siglos se cerraba en guerras.

Bueeeeno. No sé como describirlo mejor. Si quieres lo vemos en internet, pero creo que estamos ahora reunidos para otra cosa ¿no?.

No te desesperes, te he contado del puente no para desviar el tema de conversación, sino porque la metáfora es pertinente.

Déjame que te explique, pues, tenme paciencia. La cosa es que yo andaba por Barcelona, como ya te dije dedicándome a Amnistía Internacional. Parecía que por fin había encontrado sentido mi vida. Pero una vez más, me equivoqué.

No, no lo sé. Realmente no sé porque ni toda la pasión por los derechos humanos podía llenar mi vacío existencial o para dejarnos de lirismos: para aplacar mi angustia patológica, mis ataques de pánico, mis delirios, todo eso que tú dijiste que me sanarías. ¿Recuerdas?.

No es un reproche, mi vida, lo dije como una remembranza nada más. Nada tengo para inculparte. Nada.

Está bien, no te llamaré así. Solamente fue una expresión de cariño, pero en fin…

Mira, no es que allá las mujeres sean más bonitas y más liberales que acá: hay de todo, de hecho yo creo que las diferencias son culturales nada más.

Ah. ¿Por eso me preguntabas por las catalanas?. No, nada que ver, las chicas no tuvieron nada que ver en la ruptura entre Claudia y yo. Bien tú sabes o intuyes que con ella me fui para Europa y me casé fundamentalmente por el sentimiento de culpa. Por lo que pasó esa noche pues.

Te perdono, Amanda, si hay algo que perdonarte, te perdono. Las relaciones humanas llegado un punto son así, generan siempre pulsiones, de las buenas y de las malas. ¿Y sabes qué?. Con franqueza, tú lo hiciste, pero yo lo pensé. Yo tampoco la aguantaba más, soñaba con matarla, cada discusión fantaseaba con hacerla trizas.

Y dale con lo de las catalanas. Sí, te he hablado de las diferencias culturales ¿Y?.

No, ellas no tienen nada de especial. Son tan especiales como lo pueden ser las madrileñas, las argentinas, las rusas, qué se yo. Me sorprendes. Creí que me conocías mejor, yo no me enamoro según nacionalidades, según género y edad, puede ser, pero por nacionalidades no discrimino.

Ja, ja ja. Mira lo que me haces decir. He hablado en lenguaje de derechos humanos.

Ya, no te pongas así. No te estoy ocultando nada. Sólamente sigo una línea narrativa que creo la más adecuada. Sí, estuve con una chica de allá.

Sí, ella era de Amnistía y catalana también.

Claro, de Besalú era, por eso fui varias veces para allá.

No. Eso fue mucho después. Claudia ya había regresado a Lima hacía casi un año.

Sí, admito que quise entablar una relación de pareja, que estaba abstraído en eso y que tal fue el motivo por el cual no respondí tu carta. Ciertamente, muy lindo lo que me dijiste. Honestamente no siento que merezca tanto de tu corazón.

¿El final?. Nada, me autoengañé, una vez más para variar. Improvisar sentimientos es como arrancar un carro que apenas tiene combustible: sin dramas, sin escenas, sin pena ni gloria, simplemente detiene su andar nada más al voltear la esquina.
Y eso sucedió.

¿Para que quieres saber su nombre?. Eso no importa. Lo que interesa es que regresé y no en busca de un premio consuelo o por mera resignación.

Volví a Lima porque como te decía al inicio, aquella última vez en Besalú, una conexión que venía maquinándose por años en mi mente, se hizo realidad. Y entendí, con la mente y el corazón… con toda mi alma que eres tú mi patria, que es a ti a quien amo, que tú eres el extremo del puente al que conduce mi largo camino.

Amanda, por favor, no te vayas.

No…mírame, escúchame. Ahora sí. Ahora sí estoy seguro, ya no soy el VI del Tarot, el Miguel indeciso quedó atrás. Viajé, viví, me enfrenté a mis miedos y ahora sé. Sí, sé que te amo.

No me dejes ahora . Amanda. ¡Amanda!. ¿Porqué quieres salir corriendo?. No llores. Dame una oportunidad.

Está bien, disculpa. Te suelto el brazo. Ya está. Despidámonos como gente civilizada.

Como quieras, si realmente ya no quieres volverme a ver, asumiré que te he perdido. Pero en tu celular ya están mis números. Cualquier cosa, sólo tímbrame ¿sí?. Aunque sea para ser amigos, yo sabré entender.

Te amo, te amaré. Te esperaré. Adiós mi sanadora y disculpa que lo diga así: adiós, mi vida. Es que tú eres mi vida. Tú, sólo tú.

Hasta pronto, cuidate mucho.

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* Capítulo correspondiente a la Parte V: "Lima".
Fecha en la ficción: año 2006.