lunes, octubre 19, 2009

1990


Calor de marzo. Calor electoral.

La revolución a la vuelta de la esquina.

Esto no da para más, alguien tiene que poner orden.

El orden lo pondrá el pueblo, democráticamente.

¿Democracia popular o cómo miércoles se diga, terruquita?.

Revolución en las urnas, me lo dijeron mis padres.

El comunismo no respeta las reglas, sonsa, todos son iguales.

La gente ha despertado y sí, hay quienes han equivocado el camino, pero la Izquierda encauzará pacificamente el proceso revolucionario.

¿Tu Izquierda Unida? ¿O debo decir: la fachada de los terroristas?.

Qué desinformada andas. Dime. Según tú ¿Quién? ¿Quién pondrá orden? ¿El perro guardián de la oligarquía?. Porque en el

Más respeto con las Fuerzas Armadas, niña.

Salvo cuando Velasco, sólo han sabido robar y entregar el país al imperialismo, ustedes los reaccionarios armados.

Nosotras apenas habíamos nacido en esa época ¿Tú repites todo lo que dice tu viejo?.

No. Algo de historia he leído. No como tú, aprendiz de fascista.

El calor, el sudor, Lima, la Avenida Prescott –como todas las avenidas- plena de publicidad política. Elecciones vienen.

La culpa la tienen los apristas que trajeron el país abajo.

La culpa la tienen los apristas y la derecha… y sus tontos útiles de uniforme.

La culpa es de los apristas y los comunistas, tontos útiles de senderistas y emerretistas.

¿Tú crees todo lo que dice tu papi, no? ¿Crees que el Perú es la Villa Militar y los barrios pitucos nomás?.

¿Tú te crees india, no? ¿Mírate al espejo, agua-sucia?. Eres nada más que una chola blancona de Jesús María. ¿Acaso eres de “pueblo”?.

¿Y tú, euro-fea, occidental de segunda?. ¿Qué piensas que signica ser pituca en Lima?. Ya verás cuando la tortilla se vuelque. Cuando no dependamos de los gringos. Cuando América Latina sea una y fuerte.

Ya verás cuando el próximo coche bomba no sólo rompa las ventanas de tu cuarto sino cuando corra sangre en tu casa. Llorarás por protección a tus Fuerzas Armadas.

Ustedes son los que lloran, ¿Acaso tu papá no se atreve ya a salir en uniforme por la calle?. Tienen miedo. A la violencia popular que las clases opresoras engendraron.

Treinta grados. Blusas blancas. Faldas grises. Uniforme. Monjas. San Isidro aristócrata incrustado en una esquina entre Lince criollo y Jesús María confundida. La Prescott. La Salaverry. La Canevaro. La gasolina del grifo de la esquina del frente que cualquier día de estos estallará.

Lávate la boca antes de hablar de mi padre, él está arriesgándolo todo por la patria. No como cierto señor candidato a diputado. No como los políticos que han jodido al país.

Mi padre no es un político, es un revolucionario. Y desde el poder cambiaremos este orden injusto.

¿Estatizándolo todo al lado de los apristas mafiosos?.

¿Y ustedes? ¿Rematando el Perú a los yanquis?.

Un joven Presidente prepara nervioso su plan de salida del poder. El se va. Ellas quedarán. Con sus miedos, sus rencores. También con sus esperanzas. Al menos por ahora, con sus esperanzas.

Ellas no votarán. Ellas visten de uniforme gris y acaso eso sea lo único que las asemeja
-además de ser mujercitas- diría cualquier peatón desavisado.

Nadie sabe -ni en la Villa Militar ni en la Residencial San Felipe- de Aquello. Menos aún en el colegio, o eso presumen al menos.

Aquello.

El calor, que es más que una sensación térmica o un estado político mental. Aquello.

El calor, que se vive cuando las discusiones cesan. Cuando callan. Cuando el jardín es el universo y la ciudad con su bulla desaparece. Y el país. Y América Latina. Y el imperialismo. Y la revolución. Y el orden. Y la patria. Y el pueblo. Todo desaparece porque todo es vacuo.

Y todo es vacuo porque la adolescencia, más que una edad, es toda una vida en sí. Un eterno presente

Y así como una vida, no se olvida. Aquello tampoco habrá de olvidarse.

El calor, Aquello, emerge en el silencio turbador de un césped que parece -y ojalá lo fuese- interminable entre los arbustos que fungen de furtivo escondite escolar.

Entonces las manos. Entonces las miradas. Entonces dos faldas grises que no eligen, que apenas viven, que apenas juegan un juego imprudente.

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*Capítulo correspondiente a la parte I "El Pasado"

Fecha en la ficción: Marzo del Año 1990