martes, octubre 27, 2009

Espérame


Raudamente sube las escaleras de Larcomar.

Conociéndole, ante su huida, él se habrá quedado pasmado e inmóvil allá en el Café-café.

Toma un taxi.

Al entrar en su departamento se queda de pie frente a una reproducción de Modigliani.

“Mierda”. Piensa. Y coge con sus manos el cuadro. Lo voltea. En la contra-cara se halla una antigua fotografía de Miguel y ella juntos abrazados una tarde en Punta Hermosa.

Toma el celular y aprieta el número 2 de marcado instantáneo.

-“Aló”. Contesta Claudia. Cuelga.

Se grita a sí en voz alta: “¿Pero qué me pasa?”.

Vuelve a tomar el móvil y esta vez oprime el botón correcto, el 5.

Silencio. Silencio y a lo lejos un rumor de centro comercial.

-“Miguel, aló… aló”.

Oye gente conversar en derredor.

- “No quieres hablar. Está bien. Sólamente déjame decirte algo: Perdón.”

- “¿De qué te disculpas?. Si ya no me quieres, son tus sentimientos, no hay más que decir. Entiendo”.

- “Qué bueno que me hablas. No. No es eso.”

- “¿Entonces?”.

- “Yo te quiero”.

- “Yo te amo, ahí está la diferencia, pues”.

- “¡Yo también te amo y no imaginas cuánto!”.

- “¿Y qué hago aquí yo haciendo cola en el cine de Larcomar, solo, con un nudo de la garganta,… abandonado por ti?”

- “No entres al cine, plis, espérame que ya voy por ti, amor, he sido una cobarde, hay un secreto, hay algo que no sabes y que ya es hora que sepas”.

- “Sé que hay un secreto, hace años que lo sé, intenté que Augusto Rocha me lo dijese, obviamente Claudia me lo calló en todos los idiomas, pero sé que algo hay”.

- “Sé que sabes, ellos me dijeron de tus preguntas y perdona por hacerme la loca, fue en parte por no hacerte daño y en parte por cobarde, ya te digo”.

- “Necesito saber, sea lo que sea, lo afrontaré o debo decir mejor: lo afrontaremos”.

- “Sí, mi vida, mi Miguel del alma, lo afrontaremos...espérame arriba en el parque, ya voy, dame media hora, hoy se terminan los misterios.

- “Ven”
- “Ya voy. Bai”

- “Bai”.

Miguel cierra los ojos, cierra los puños, endurece los músculos, a las patadas se abre paso de la muchedumbre cinemera y se dirige al Parque Salazar.

Amanda toma su cartera, las llaves, toma la manija de la puerta de su departamento y entonces suena el celular. Es Claudia.

-“Aló”.

-“Claudia”.

-“Me llamaste”.

-“Sorry, marqué tu número por error, Clau”.

-“Ah, okei, bueno: ¿Nos vemos más tarde siempre?”.

Mudez.

-“Pazde, ¿Pasa algo?”.

-“No nada, es que…”.
-“¿Qué?”.

-“Es que me ha salido algo y, bueno, o sea…”

-“O sea, eres pésima para las excusas como siempre, amiga ...bueno, si da te roche contarme ahora, hablamos mañana... seguro haz conocido alguien, puedo adivinarlo ”.

Clau ríe. Está de buen humor.

-“Sí, algo así. Sorry, ya tengo que salir, bai”.

-“Bai, te dejo, pero luego me vas a tener que contar todo ¿ah?”

-“Chau”

Tropieza levemente al entrar al ascensor.

Una doble sensación de culpa y de ansiedad le entremezclan el cuerpo. Cada poro, cada gota de sangre, cada terminación nerviosa, cada aire que exhala e inhala.

Una decisión. Espérame. Mañana te cuento. Llegó el momento. El pasado. Lima. La amistad. El amor. Confusión. No hay marcha atrás. No esta vez.


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Capítulo correspondiente a la parte V: "Lima"


Fecha en la ficción: año 2006

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Amanda, cállate.

C.M.

1:44 a. m.  

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