Uno, Dos, ¿Tres?

Un par de llamamientos mundialistas y una narración futurista.
Uno
¿Crees que tus actos no tienen consecuencia?. Bueno sí, dirás. Y es fácil comprobarlo en la escuela cuando te molestas, insultas y armas una bronca con tu compañero de aula, o en tu edificio si montas fiestas todas las noches y no dejas dormir a los vecinos, y un día reclaman con policía y todo.
La gente reacciona, qué obvio parece ¿no?.
A veces es inmediata la respuesta. A veces toma un poco más de tiempo y para poner un tono más optimista pondré como ejemplo un regalo que recibí –un dibujo hermoso, hecho en acuarela- de parte de una amiga que alguna vez años atrás aconsejé en una circunstancia muy dura de su vida.
La gente reacciona para bien y para mal, temprano o tarde. Y si no es la gente misma, son sus amigos, o sus familiares, sus descendientes acaso. Podría citar aquí relatos de venganzas memorables entre familias -¿Quién no ha oído de alguno?- o actos de noble de fraternidad un pueblo a otro, como ayudas en casos de terremotos.
¿Crees que tus actos no tienen consecuencia?. Si le arrebatas la comida a un perro, seguro que querrá morderte.
Los animales también reaccionan.
La Naturaleza entera reacciona a los actos de la humanidad y la Humanidad entera recibe constantemente las consecuencias de sus propias acciones individuales y colectivas.
Es fácil cerrar ojos y mente y pretender que las consecuencias de tus actos tienen una frontera en tiempo y espacio. Que si arrojas basura al mar, como tantos otros lo hacen, las consecuencias se sentirán en quién sabe 200 o 1000 años. Que si insultas, discriminas, vejas al inmigrante, las consecuencias quedarán acá nomás en “tu” país y que no sobrepasará las fronteras.
Pero no es así. La realidad es que somos Un Mundo, uno que se está agotando en sus recursos naturales por las agresiones al medio ambiente, uno que se está auto-destruyendo en su “fauna racional” –la humanidad- a causa de guerras y múltiples odios y mezquindades.
Tus actos sí tienen consecuencia, como individuo en sí, como miembro de una familia, grupo étnico, comunidad local, iglesia, organización cívica, empresa, partido político, club… como ciudadano y como simple persona. Y las consecuencias son mundiales.
Abre los ojos, abre la mente: el Mundo no puede seguir así. Ahora más que nunca hay que ser responsables, por mayores limitaciones que uno tenga siempre algo puede hacerse a favor o en contra de este Nuestro Mundo.
Rompe las fronteras mentales, no discrimines ni maltrates al Otro, ni al Otro humano ni al Otro Naturaleza. Ponte de parte de la Vida y de la Paz.
Dos
Este Nuestro Mundo es la Patria Grande de todos. Trabajemos juntos y hagámoslo bajo los únicos parámetros correctos y eficientes: partiendo de nuestra propia condición de seres libres, iguales en valor, y parte de un mismo Cosmos.
Porque el Peligro que nos acecha es Mundial, la solución también ha de serlo.
Luchemos pues contra las barreras que aún gozan de una falaz legitimidad: clase social, sexismo, racismo y otros. Nadie es superior a nadie, ninguna supuesta supremacía es “natural”. Ni la del varón sobre la mujer, ni la del rico sobre el pobre, ni la de una raza sobre otra.
Tampoco lo es la supuesta supremacía del ser humano sobre la naturaleza.
Tampoco lo es el último apartheid que aún goza de legalidad: la discriminación por nacionalidad. Nadie pertenece a un pedazo de tierra, un pedazo de tierra no es pertenencia de nadie.
La tierra es sólo gestionada en forma autónoma por colectivos e individuos. Más allá de eso nuestras fronteras “inter-nacionales “son solo mentales y se construyen en base a falacias: “Soberanía”, “Independencia”. Solamente Lo Divino es Soberano, nadie es “Independiente” de nadie porque estamos mutuamente implicados en todos nuestros actos.
Luchemos pues, relativizando las “ciudadanías nacionales” y construyendo una “ciudadanía mundial”. Libre tránsito y libre residencia universal. El Mundo es de todos y de nadie a la vez. Erradiquemos los Controles Fronterizos de Ingreso por Nacionalidad a los Países, así como alguna vez empezamos a erradicar los Controles de Ingreso según Raza o Género a las instituciones.
Sin un verdadero y profundo compromiso de integración y solidaridad entre nosotros el Cambio nunca será posible.
Piensa, siente, actúa. Salvemos al Mundo.
¿Tres?
Llegó un día que ya no se sabía de donde provenía tal o cual desgracia, una feroz detonación sonaba y minutos más tarde se impregnaba todo el lugar de un aire caliente y un magma calcinante, que lo iba destruyendo todo a su paso. ¿Bomba Nuclear, Erupción Volcánica?. Nadie tenía la respuesta y poco importaba. Sin internet, televisión o radio los sobrevivientes elaboraban conjeturas en medio del pánico.
En otro extremo del planeta, en el casco periférico de lo que alguna vez fue una gran ciudad capital un grupo de personas se guarecía en un sótano de una tormenta de lluvia ácida. ¿El Efecto Invernadero, Ataque de Armas Químicas?. Más allá de la especulación del momento ¿Qué mas daba la respuesta, si el resultado era similar?.
Desde un satélite en órbita, un puñado de hombres y mujeres observaban con una mezcla de resignación e incredulidad a ese globo que alguna vez fue azul y que ahora se veía de un pálido grisáceo oscuro matizado de cuando en cuando por el rojo inclemente de alguna explosión repentina.
Aquí y allá, en distintos refugios, personas muy diferentes entre sí hacían lo que estuviera a su alcance para mantenerse vivas y con alguna porción de esperanza. A casi nadie, se le ocurría pensar, sentir que una piel de distinto color significase algo más que una diferencia de estatura o color de cabello.
Entre las agotadoras faenas de sobrevivencia, todos se esforzaban por aprender el idioma y las costumbres del otro y comunicarse lo mejor posible. De pronto oír el cantar de algún pájaro, tan sobreviviente como uno, podía ser motivo de un sutil regocijo.
Poco o nada importaba si el prójimo fue alguna vez ciudadano de China, Francia, Uganda o Perú. De hecho, recordar a los antiguos Estados Nacionales era motivo más que nada de dolor, rabia, vergüenza o simple tristeza.
Cada niño y niña que nacía encendía sentimientos que iban entre la esperanza, la compasión y la culpa “¿Qué futuro tendría este bebe? ¿Podrán estos niños construir un mañana?” se preguntaban los adultos, todos prematuramente envejecidos por el clima enrarecido y el estrés.
Todos los hijos eran entonces hijos de sus padres y a la vez, hijos de todos.
“¿Crees que tus actos no tienen consecuencia?” dijo un día una niña de menos de seis años, imitando una frase que oyó decir a su padre en una velada de remembranzas.
Alguien la escuchó quizás.


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