domingo, diciembre 23, 2007

Solsticio


(Lee, Maura, lee)

Lo había escuchado en tantas canciones pero no lo creía.

Que uno puede suplicar por el retorno de aquella persona que tanto extraña, que uno puede añorarla aún más cuando está en brazos ajenos, que cada rincón de la ciudad que recorrieron juntos –es más, cada mínimo detalle de cualquier clase- daría pie a la más ferviente evocación, a la nostalgia, a la tristeza, a la sensación de vacío.

Lo había escuchado y pensaba que eran puras cursilerías, pero no. Ahora que lo estoy viviendo, ya sé que no es así.

Me reía a tu lado. Me ponías a pensar. Me sentía acompañado contigo. Me ponías a soñar. Me acostumbré a tus sonrisas y también a tus miraditas. A veces me sacabas de quicio y de repente me traías paz.

Te quise, te quiero.

Aún guardo, aunque por obvias razones escondido, el regalo que me obsequiaste. La luna llena todavía brilla gravitante, al igual que la de esta noche de solsticio de verano austral.

(Nomás finalizado este texto Maura se animó a intentarme una recalificación en la DSM IV. Mismo cuestionario, diferentes respuestas…pero era ya demasiado tarde)